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Foto con niño

Vengo a darle la razón a mi Santa. Otra vez. Los números cuadran. Foto con niño. Post sobre pérdidas. Suben los likes. El resto os importa menos. Hoy escribo como prueba empírica. Precisamente sobre eso. De hijo y marido abandonados. Se ha vuelto a marchar unos días con sus amigas. No se lo reprocho. Le viene bien desconectar. Como a mí a veces ir en el coche solo. La amenazo con Servicios Sociales. Na. Por hacerme el chulo.
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Que no se dé cuenta cuando te vayas. Mejor salir separados. Lo digo por mi. Llevo fatal las ausencias. Cosquilleo en el estómago. Dudo de mis habilidades. Que todo lo malo pase. El viernes mi estado de ánimo es paupérrimo. El domingo, eufórico. Me compro un libro. Jabois. Me anima a teclear. Como venganza. Por echarla de menos. Medito la foto. Que salga gracioso el niño. Más likes. Hay finde de chicos en el rellano. Duermo inquieto.
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El sábado por la mañana ya he visitado más bares que parques. Se ha despertado antes. Sospecha algo. Me miro al espejo. Mocos pegados en la camiseta. Sergio y yo pactamos hacernos las víctimas. Se cae. Con marca. Me descubrirán. Le pondré pantalones largos para disimular. Lo llevo a misa. Inauguramos la piscina. Saltamos en el sofá. Aquí también lo hemos pasado bien. Qué te crees. Te envío fotos para demostrarlo. Postureo todo.
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En julio vuelve a irse tres días.
Y otros tres más en septiembre.
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Volverá la soledad. El desasosiego.
En el fondo es una declaración de amor.
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Pero la foto con niño.
Para que le deis al like.

Re-enumerando

Esta es una nota para los lectores: He jugado con el espacio-tiempo. Me he saltado leyes elementales de la física para añadir posts con fecha pasada como si siempre hubieran estado allí pero que hasta ahora no existían. ¿El motivo? La deuda pendiente de subir ciertos proyectos y pequeños textos subidos a Instagram entre 2017 y 2019. Es sólo por que quede constancia. Nada que duela. Poco más que una remuneración.

No me lo tengan en cuenta.

Escribe

Siempre he fantaseado internamente con que, algún día, cuando ya no campe por este mundo, estas páginas sean descubiertas por mis hijos, quién sabe si por mis nietos, o por alguien que quiera conocer qué pasaba por mi cabeza tiempo atrás. Aspiro secretamente a que al leerlo se cree un hilo invisible que nos una superando tiempo y espacio.

Ya son más de trece años construyendo poco a poco este diario. 1868 artículos. Muchos me sonrojan. Cómo pude escribir aquello. Sí que estaba miope. Me creía con más poso. Más maduro. Y les aviso, me da apuro también que me comenten aquello que escribí. Porque nunca tuve un sistema de juego. Simplemente escribo. Hijo, si lees ésto, recuerda que cada palabra es obra de su tiempo y contexto. De un instante concreto. Así fui, pero puede que ya no sea así.

Cambiar las redacciones por las aulas me ha provocado una pérdida de escritura. Pero, paradójicamente, cuanto más me adentro en la docencia, más me apetece garabatear. Como si esta etapa centrado en aprender a ser buen maestro hubiera provocado también la necesidad vital de seguir tecleando.

Dos pequeños libros, dos cincuenta aniversarios, me han tenido atado este último año. Mientras los redactaba, mientras me documentaba, mientras absorbía influencias (ya saben, mis Enric González, Jabois, Millás, Paco Roca, David Trueba…), sin darme cuenta, algo se me removía por dentro sobre el paso del tiempo, sobre aquello que vivimos y la necesidad que quede escrito para la posteridad.

Miope, escribe.

Y que llegue lejos en el tiempo.

Quién sabe si algún día tú, sí tú, estarás leyendo estás páginas.

Y, al fin, me conocerás.

Aspiraciones

No estamos en fechas para frustrarnos. Pero ocurre. Uno se marca expectativas altas y, cuando no se cumplen, se viene abajo. Ya saben, depresión, cara larga, suspiro, hastío. Y, valga esto, por ejemplo, para quien pretenda cumplir con la dieta durante las navidades. Lo tenemos jodido. Hay que adecuar siempre nuestras aspiraciones a las posibilidades reales. Piensen en el próximo fin de año: (una vez más) no va a ser la fiesta de nuestras vidas.

Mírenme a mi, si no. Yo quisiera escribir más, tener esta página más transitada, que volviera a su antiguo fulgor, pero, vaya, las responsabilidades laborales me lo impiden. Tengo este espacio pagado a 18 euros al año para acabar siendo un escritor, articulista, gacetillero, juntaletras frustrado. Me he hecho el propósito de actualizar esta web más. No sé si es real. Igual acabo hundido por ello.

Las aspiraciones y la frustración. Quien lo narra magníficamente es Phil Jackson en sus pseudomemorias «Once anillos» cuando explica que, al inicio de cada temporada, animaba a sus jugadores simplemente a crecer, a centrarse en el camino más que en la meta. Porque esperar mucho de todo puede traernos problemas, porque nunca sale todo como planeamos. Alguna vez lo he tratado con mis alumnos: uno se percata que se ha hecho adulto cuando descubre que la vida no es perfecta, que hay que amoldarse a las situaciones como vengan.

Igual si no esperamos tanto de la vida seremos más felices.

Igual es que le pedimos mucho a la vida y le damos poco.

Cirugía estética y mental

Da vértigo. Y un poco de vergüenza. Bueno, bastante más de vergüenza. Han pasado más de doce años desde que abrí esta oficina. Qué creído era. Qué inocente, qué ignorante, qué pretencioso. Quién sabe, igual de aquí doce años mire 2016 y vuelva a pensar lo mismo de mi mismo. De ese yo del pasado. Lo confieso, muy de vez en cuando, releo alguno de mis artículos antiguos y me quedo abochornado. Suenan cursis, edulcorados. Y sin estilo. Menuda imagen daba de mi mismo. O doy. Porque igual todo sigue igual.

La cuestión es que he cambiado un poco el diseño de todo esto.

Que no digan que no nos ponemos al día.