Categoría: Blog

La música nos salvó del psicoanalista

Achtung Baby. No recuerdo quién fue, pero alguien me grabó una cassette con ese título escrito a mano. Yo no debería tener más que trece o catorce años pero aquella hipnótica música despertó mi adolescencia tardía. Como si escuchar a Bono repitiendo sin cesar aquella distorsionada letanía de “It’s no secret…” me abriera los ojos al descubrimiento de un nuevo mundo.

En aquella época no existía internet. Ni se presentía. Así que, atrapado por este disco y otros que llegaron detrás, me dediqué durante un tiempo a adquirir revistas y anuarios de música. Mis padres me miraban raro pero lo consentían. Y, leyendo, descubrí que aquel disco de U2 que giraba sin parar en mi cabeza había sido grabado en Berlín donde (y recuerdo la cita textual) “se escuchan constantemente los ecos de Bowie, Reed o Iggy Pop”.

Ya más crecido y, ahora sí, con internet abriendo todas las puertas de par en par, tras aparecer su nombre en tantas y tantas referencias de otros grupos, pude leer y escuchar conscientemente sobre David Bowie. Hasta hoy. Hasta que se ha anunciado públicamente su muerte cuando aun estábamos descubriendo Blackstar.

Es curioso, pero obituarios aparte, son muchos los que hoy han narrado el impacto emocional de su música en sus vidas. Ya no estamos hablando sólo de arte, sino de banda sonora, la de sus vidas, la de nuestras vidas. Por eso la tristeza y el desamparo de saber que no habrán más canciones, como cuando mi Santa me llamó aquel verano porque Sergio Algora había fallecido inesperadamente.

Dice Daniel Sánchez Arévalo que, en sus visitas al psicoanalista, fue donde se convirtió en contador de historias, que escribirlas se convirtió en su tabla de salvación.

Yo creo que, a muchos, con la música nos pasa igual.

Convertir en propias ciertas canciones nos han evitado mucho psicoanalista.

 

Anuncios

Brinden

Esta noche brinden por un año más, por un año menos, por lo recorrido, por poder vivir y poder contarlo, porque siempre habrá más por lo que sonreír que por lo que llorar. Porque, vaya, la vida es como es y, siendo sinceros, somos unos privilegiados por poder recorrer este camino.

Ya no me atrevo a hacer balances ni propósitos. La experiencia me ha enseñado que es absurdo planear demasiado. Prefiero (intentar) dejarme sorprender. Y lo que tenga que venir que venga. Pero que me pille sonriendo.

Bueno, puestos a pedir al 2016, si puede ser, que a mi alrededor no se padezca mucho. Que yo llevo fatal lo de sufrir por los míos y en 2015… Pues eso… Y, oigan, si tuviera que venir el invierno, que sepa acompañar y ser acompañado.

Brinden esta noche.

Brindemos.

Con vivos, muertos, brindando juntos 
por un año más, un año menos 
que dolerse de esta herida y de esta luz. 

5.000 gracias

Pues sí. Este año he cumplido 10 años de esta aventura y, 1792 artículos después, aun me resisto a abandonarla.

No escribo tanto como quisiera, ni como prometí, pero este viaje, inicialmente concebido como un ejercicio propio de memoria y de periodismo a baja escala, ha sido visto alrededor de 5.000 veces durante 2015. He perdido audiencia por la falta de escritura (he pasado de 250 a 50 posts anuales), pero no está nada mal. Mi propósito sigue siendo poder leerlo yo mismo en un futuro para no olvidar mi propia vida.

Curiosamente, el artículo más leído durante estos doce meses fue Justicia Poética. Tampoco me sorprende. Fue escrito desde la entrañas.

En fin, que estas son las estadísticas de Miope en 2015.

5.000 gracias a todos.

Pequeñas victorias

Cuando el día a día corre tan veloz que casi no da tiempo ni a digerirlo antes de arrancar el siguiente, cuando se hace muy complicado realizar una pausa mental para evaluar si todo va por el buen camino, uno no tiene más remedio que conformarse con las pequeñas victorias: con aquella muestra de afecto que te confirma que se te sigue guardando firme lealtad, con aquel inadvertido mensaje de móvil felicitándote, con alguien que se espera en el pasillo para saludarte y hablar contigo treinta segundos, con aquel (involuntario) detalle que te confirma el trabajo bien hecho, con aquella alumna que te confiesa que en un trabajo de clase, ante la pregunta de “a quién admiras”, haya escrito tu nombre.

Todos necesitamos refuerzos positivos. Nos ayudan a volar más rápido y seguro.

A mi, al menos, esas pequeñas victorias me alimentan y me dan vida.

Ojalá yo también sepa regalar pequeñas victorias a los demás.

Disimulando

El otro día me echaron en cara que no he escrito nada en un mes y, lo peor, que ni me he dignado en dar explicaciones a la afición. Cierto es. Tan cierto como que en etapas placenteras la creatividad baja. Que se lo digan, si no, a Calamaro.

En fin, como que no me voy a autoprovocar una crisis para salir del letargo literario y periodístico (los médicos no lo recomiendan), voy a disimular un poco subiendo en los próximos días algún artículo ya publicado, fotos artísticas con filtros artísticos, bocetos y misceláneas varias. Quizás, incluso, quién sabe, algo más serio por en medio.

Todo para disimular un poco hasta septiembre.