Categoría: Fotografías

El verano que no pareció verano

El verano que no pareció verano fue extraño. Se suspendió todo pero todos salían. Nosotros nos dedicábamos a esperar. Y a pasear. La gente miraba tu barriga por la playa. Visitamos centros comerciales. Recorrimos la Avenida en agosto. Íbamos y veníamos. Y todos los mosquitos siempre me picaban a mí.
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El verano que no pareció verano vaig menjar botifarres. Fue rápido. Con poca luz. Como los buenos mamíferos. Lloramos en el paritorio. Pasé frío en la habitación. Te robé un arrullo para taparme. Esa noche empezó mi afonía. Las enfermeras siempre entraban en el peor momento. A mí nadie me preguntó qué quería de cenar. Conduje muy lento con el alta. Pusimos buena música para volver.
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El verano que no pareció verano nos confinamos por precaución. Tres horas de sueño era abundancia. Aprendimos a no tener miedo por las noches. A descifrar sonidos. Cantábamos buenos días sol. Veíamos películas a mediodía. Te paseábamos a ratos cortos. Cuando llorabas las señoras nos miraban. Nunca sabíamos en qué día estábamos. Poco nos importaba.
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El verano fue esto.
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Yo tenía ganas que llegara septiembre.

Lo que te mereces

En Lost, la primera serie que nos enganchamos juntos, Desmond debía pulsar un botón cada 108 minutos. Sin descanso. Algo así vivimos ahora con las tomas del Principito. Con esa alarma latente unas veces exacta, otras inexacta. Yo, que llego tarde a estas cosas, me dejo llevar sin resistencia. Vivo en un mundo de horarios sin horas.
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Lo que que aún nos mantiene cuerdos es la música. Sigue sonando en la White House. Hay un estribillo que canta “deberíamos decir más veces te deseo lo que te mereces”. Mi Santa y yo dudamos si habla en positivo o negativo. De conciertos, nada. Con las entradas devueltas nos hemos comprado un robot de cocina. Signo de los tiempos.
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Estos primeros días, entre tanto mensaje, se ha colado algún bienintencionado “con lo que habéis pasado, os lo merecéis”. Perdonadme que no esté de acuerdo. Que me dé rabia. No me compensa estos meses lo ganado por lo perdido. No funciono así. No es una balanza. Yo lo quería todo. A todos aquí.
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Pero aquí hemos venido hoy a daros las gracias por vuestras felicitaciones.
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Es de bien nacido ser agradecido.

El vigía

Allí afuera el mundo se empeña en volver a desmoronarse. No aprendemos. Aquí dentro es de noche. Todo parece más seguro a estas horas. Más protegido. Me demoro por la casa. Me gusta ser el último. Andar a oscuras. Encontrarte durmiendo.
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Mi Santa habla en sueños. Al día siguiente lo rememoramos. Nos reímos. Ella duerme rápido. Yo ligero. Oniria e Insomnia. Hago un álbum de fotos para ilustrar esta historia. No me gusta ninguna. Parecen sacadas de motel barato. Tus pies. Nunca te gustó enseñarlos.
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Hay días en que la noche es el peor momento. Me giro hacia el otro lado. Mejor el mar que el silencio de la ciudad. Le sienta mejor a mis acúfenos. Y a mis recuerdos.
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Duermes. Observo como respiras. Te rastreo. Busco otra respiración en tu vientre.
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Soy como un vigía, esperando la señal.

Raro

Creo que sufro esquizofrenia emocional. Ando apático. Luego, eufórico. Al rato vuelvo al desganao. Ya me lo decían, por un lado u otro te acabará saliendo. Yo me dejo llevar. Ya se irá todo recolocando solo. A lo Rajoy.
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Sueño más de lo habitual. Realista. Pero me desvelo menos. Paso el día queriendo estar en dos sitios a la vez. Me pregunto si todo esto sirve para algo. Lo dicho, estoy raro. Como mi Santa. Se mueve lento y ríe con estruendo.
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Cuando entro al colegio me reactivo. Normal. Desde marzo no hemos parado. No hagan caso de los que hablan sin saber: hemos trabajado el doble. Y a ciegas. Ay. Que me pongo de mala leche. Qué ninguneo político.
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Ayer cerramos el curso. Símbolicamente, porque julio será largo. Preparamos todo con mucho cariño, con muchas cámaras. Fue emotivo, pero no me quité de encima una sensación agridulce. Algo que no me conectaba bien.
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Recibo mensajes cariñosos y se me pasa un poco todo.
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Somos privilegiados por con quién trabajamos.

Haters

Todos necesitamos a alguien que nos mantenga los pies en el suelo. Hasta Brad Pitt. Un día, hablando por teléfono con sus abuelos, le contaron que habían visto su película. “¿Cuál de todas?”, les preguntó. “¿Betty, cómo se llama la película que no me gustó?”, escuchó al otro lado.
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Yo para eso tengo a mi Santa. El otro día, creyéndome ya un literato consolidado, le comentaba que mis últimas publicaciones estaban gustando bastante. “Nadie lee los textos, sólo miran las fotos”, me soltó. Mis amigos son mis haters, que decía aquel. Y ella que no. Que sólo es la crítica más exigente. Como la Pedroche con Dabid Muñoz.
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Que no me dijo también que últimamente uso demasiado nuestras intimidades. Ella, que durante el confinamiento me hizo salir en un videoclip y me metió de público virtual en un programa de televisión. La misma que me sugirió que contara cómo me partí la muñeca subido a un árbol vestido de troglodita.
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La vergüenza ajena vende. Ayer nos pasamos media tarde grabando TikToks a mis sobrinos. Yo creo que esta moda ya no me pilla. Lo de bailar es para otros. Prefiero juntar palabras. Mantengo hasta mi blog activo. Aunque nunca sepa exactamente por qué. Qué necesidad hay en ello.
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Por qué escribir. Santiago Lorenzo, cuando le preguntan, siempre hace suya la respuesta de una yonki en Callejeros cuando la reportera quiso saber por qué se pinchaba.
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“No sé, por hacer algo”.