Categoría: Artículos

Morirse o vivirse

Barra libre. Gominolas en forma de osito. De las de Haribo. Aún no se habían puesto de moda las candy bar. Ni tanta parafernalia en las bodas. Hipnotizado por el azúcar, engullí un puñado. Sin miramientos. Una se me atragantó. Comencé a ahogarme. Con aspavientos. Me rodearon. Era una boda de médicos y periodistas. O me salvaban o informarían del suceso. Una de dos. No les esperé. Cogí un vaso tirado en una mesa y lo bebí de un trago. Pudiendo bloquearse más, el osito pasó hacia abajo. Al día siguiente no salí en las noticias.
.
Morirse o vivirse. Uno nunca sabe qué le espera en la esquina. Lo hemos comprobado esta semana. La moneda en el aire. De un día para otro todo puede cambiar. Por eso hay preguntas que es mejor no hacerse. No empeñarse en ellas. Glyzelle Palomar, una niña filipina que vivía en la calle, le preguntó entre lágrimas al papa Francisco por qué Dios permitía el sufrimiento. No tengo respuesta, respondió. La única, ante ese sufrimiento, es sufrir con vosotros. Tened a mi hijo. En eso mismo consistió su sacrificio. De eso va la fe.
.
Estamos tocando ya una edad en la que a nuestro alrededor empiezan a percibirse señales. Nos creíamos intocables. Pero nunca lo fuimos. Lo comprobé con los pantalones bajados en Urgencias. En cambio, en tu boda te sientes invencible. Mi Santa, por ejemplo, expulsó a unos invitados intrusos. Nos vetó canciones. Viure i somriure. Me costó entenderlo. Yo no me lo tatué. Pero ayer no dejaba de pensar en ello. No nos queda otra. Creer, seguir y sonreír. Como en el final de La Vida de Brian. Jodidos pero cantando y silbando.
.
Y brindando en las bodas.

A veces

A veces me enfurruño, me ofusco, me atasco. Ando atribulado con mis problemas mundanos. El cálculo me mata. Pensar en los siguientes movimientos de la partida. Adelantarme al futuro. Error. Tom Petty ya lo cantó. La mayor parte de las cosas que me preocupaban nunca llegaron a suceder. A veces hasta me quitan el sueño. A mi Santa no, bendecida con dormir bien. Con la noche aleja sus problemas. Junto con el Instagram del Hola. Y Carmen Mola. Mierda de la buena. Narcótico puro.
.
A veces tomamos decisiones inesperadas, irracionales. Se lo leí a Terrés que se lo leyó a Jabois que lo leyó en El Mundo. El drama de unos padres con un hijo en silla de ruedas. Tras años de adaptar su casa le diagnosticaron cáncer de garganta. 16 años. Le quedaban semanas de vida y la rampa por hacer. Desolados, apostaron por lo absurdo (y hermoso): construirla. Les ayudó todo el vecindario. Nadie sabe cómo, pero el chico mejoró. Y vivió un año más. Y llegó a usar la rampa.
.
A veces pienso que me preocupo demasiado. Por naderías. Que no son problemas reales. Que las malas noticias nunca avisaron. Como mi cólico nefrítico. Que lo que tenga que venir ya vendrá. A veces me escondo por casa. Me aparto premeditadamente. Y escucho. Las risas. Las carreras. Los juegos. A la hora de la ducha escondido les observo. Oigo la negociación. Ahora guardamos los juguetes. Le decimos adiós al agüita. Nos secamos. Y ahora qué. A quién llamamos. Y responde: papá.
.
Entonces se me pasa la tontería.

Conducta rígida

Tiene la conducta rígida pero, ya veréis, se irá suavizando. Aunque la psicóloga se refería a Pep mi Santa sólo me miraba a mí. Este es igual, lanzó. Señalado como culpable sólo supe escapar bromeando. Sí, lleva meses cantándomelo: haz el esfuerzo, déjalo fluir. Ni pestañeó. No debió pillar la cita de Leiva. Al salir hice una promesa. Se acabó. Tienes razón. Abandono las rutinas exageradas. Los rituales escondidos. Los tics. Los tocs. Seré flexible. Lo prometo. Mentía. Como un bellaco.
.
Este finde hemos vuelto a estar solos. Me he radicalizado. Por miedo. Por venganza. Por irse a Cádiz. Ley marcial. Horario milimétrico. Hábitos idénticos. Automatismos. Repeticiones. La persiana en el punto exacto. El cojín preparado. El bailecito de acostarse. Hora y media clavada de siesta. Las canciones del pañal. El vermut. Todo igual. Siempre. Se aprende por repetición o por rutina. La disciplina es mi cayado y me sostiene. Estoy fatal. A una ausencia más de enloquecer.
.
En el fondo entiendo que últimamente se esconda bajo sus faldas. No me dejes más con este enajenado, le implora. Hay veces que siento un desasosiego sin motivo. Busco trucos para que el suelo no se mueva. Revisar todo. Gestos repetidos. Mismos pasos. Todo conocido. Casa. Mare. Vosotros también. Confesad. Revisáis las luces. La puerta cerrada. Buscáis la simetría. Hacéis listas. Os entra el ansia. Hay que acabarlo. Sí o sí. Sé que no estoy solo. Somos más. También os pasa. No nos avergoncemos.
.
El que esté libre de manías que tire la primera piedra.

El papel

Siempre hay un tocapelotas. Yo me lo repetía. No caigas en provocaciones. Sé inteligente. Déjalo. Llevaba tiempo lanzándome el mismo dardo. En cada entrevista. El líder de la oposición. Vosotros no tenéis la culpa, hacéis lo que os dicen. Apagué el micro. Dime quién me dice que haga qué. Los vuestros. Me reí. Sabrás tú quiénes son los míos. Si ya me han etiquetado en cuatro partidos diferentes. Yo te tengo calado. Tú no me conoces.
.
Tras anunciar Pascual Maragall que tenía Alzheimer, Juanjo Millás le acompañó durante dos días para un reportaje. Involuntariamente el periodista creía ver la enfermedad en cada gesto, en cada palabra: “Qué peligro tiene la mirada del observador, incluso la del informado. Todos vemos lo que esperamos ver. Si te dicen que este señor está loco, sólo verás en él su locura; si que tiene cáncer, sólo su tumor; si que está ciego, sólo su ceguera”.
.
Durante los días de covid en familia yo veía el virus en cada alteración de Pep. Qué cosas. Huyendo de él me lo acabé encontrando. Otros vieron mi contagio en las fallas, en una despedida. Había que buscarle una razón. Hay quien busca también su papel. Actúa pensando en cómo quiere que le vean. O como cree que le ven. Hay quien lleva años interpretando un personaje. Y se lo ha creído. Ellos verán. Cada cual sabrá si se reconoce ante el espejo.
.
Pero, leche, que dejen de darnos la brasa a los demás.

Tabú

Nombrar a los muertos. Tabú para muchos, cotidiano para otros, para mí. Jodidamente diario añadiría. Silencio incómodo. No es popular hablar de ciertos temas. La muerte, esa enfermedad, infertilidad, psiquiatría, fe, fascistas. Si es que ya no se puede ni estar triste. No se lleva. Y yo me niego. Reivindico ese derecho. A los días raros. A la soledad deseada. A la solitud.
.
Estuve triste, melancólico, extraño. A veces jodido. No sabría describir. Se rompió ese hilo invisible. Madre e hijo. Se me juntó luego todo. Leí para saber qué sintieron escritores. Hay toda una literatura del dolor. Os leí también a vosotros. Qué valientes fuisteis. Dudé si escribir sobre ello. Tabú. Qué necesidad. Qué autoflagelación. Qué exhibicionismo. Qué victimismo. Y qué coño os importa.
.
Soy asiduo al cementerio. A la visita. Otro tabú para algunos. Es ideal para dormir a Pep. El pavimento, el sol, el ambiente. Cae redondo con el traqueteo. Es como estar en casa. Algunos trabajamos allí. Y nos dio suerte. Siempre me fijo en una lápida. Aparece una señora mayor hasta arriba de cotillón. Nochevieja 2020 dice su sombrero morado. Se lo debió pasar bien. Para toda la eternidad.
.
Duele, pero ya no duele como antes. Lo canta Quique González. Canciones tristes. Mi Santa no las soporta. Dejó de escucharle por ello. Pero ya se han reconciliado.
.
Yo también un poco con la vida.
.
Y se dice y no pasa nada.