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El papel

Siempre hay un tocapelotas. Yo me lo repetía. No caigas en provocaciones. Sé inteligente. Déjalo. Llevaba tiempo lanzándome el mismo dardo. En cada entrevista. El líder de la oposición. Vosotros no tenéis la culpa, hacéis lo que os dicen. Apagué el micro. Dime quién me dice que haga qué. Los vuestros. Me reí. Sabrás tú quiénes son los míos. Si ya me han etiquetado en cuatro partidos diferentes. Yo te tengo calado. Tú no me conoces.
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Tras anunciar Pascual Maragall que tenía Alzheimer, Juanjo Millás le acompañó durante dos días para un reportaje. Involuntariamente el periodista creía ver la enfermedad en cada gesto, en cada palabra: “Qué peligro tiene la mirada del observador, incluso la del informado. Todos vemos lo que esperamos ver. Si te dicen que este señor está loco, sólo verás en él su locura; si que tiene cáncer, sólo su tumor; si que está ciego, sólo su ceguera”.
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Durante los días de covid en familia yo veía el virus en cada alteración de Pep. Qué cosas. Huyendo de él me lo acabé encontrando. Otros vieron mi contagio en las fallas, en una despedida. Había que buscarle una razón. Hay quien busca también su papel. Actúa pensando en cómo quiere que le vean. O como cree que le ven. Hay quien lleva años interpretando un personaje. Y se lo ha creído. Ellos verán. Cada cual sabrá si se reconoce ante el espejo.
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Pero, leche, que dejen de darnos la brasa a los demás.

Tabú

Nombrar a los muertos. Tabú para muchos, cotidiano para otros, para mí. Jodidamente diario añadiría. Silencio incómodo. No es popular hablar de ciertos temas. La muerte, esa enfermedad, infertilidad, psiquiatría, fe, fascistas. Si es que ya no se puede ni estar triste. No se lleva. Y yo me niego. Reivindico ese derecho. A los días raros. A la soledad deseada. A la solitud.
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Estuve triste, melancólico, extraño. A veces jodido. No sabría describir. Se rompió ese hilo invisible. Madre e hijo. Se me juntó luego todo. Leí para saber qué sintieron escritores. Hay toda una literatura del dolor. Os leí también a vosotros. Qué valientes fuisteis. Dudé si escribir sobre ello. Tabú. Qué necesidad. Qué autoflagelación. Qué exhibicionismo. Qué victimismo. Y qué coño os importa.
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Soy asiduo al cementerio. A la visita. Otro tabú para algunos. Es ideal para dormir a Pep. El pavimento, el sol, el ambiente. Cae redondo con el traqueteo. Es como estar en casa. Algunos trabajamos allí. Y nos dio suerte. Siempre me fijo en una lápida. Aparece una señora mayor hasta arriba de cotillón. Nochevieja 2020 dice su sombrero morado. Se lo debió pasar bien. Para toda la eternidad.
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Duele, pero ya no duele como antes. Lo canta Quique González. Canciones tristes. Mi Santa no las soporta. Dejó de escucharle por ello. Pero ya se han reconciliado.
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Yo también un poco con la vida.
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Y se dice y no pasa nada.

Las primeras veces

Un cosquilleo. Un yoquesé. Te va recorriendo por dentro. Una mezcla de nervios, ilusión y miedo. Todo a la vez. Ay, las primeras veces. Qué difícil de definir. Son únicas. No sabes, intuyes. Un inexperto manos a la obra. No las olvidas. Mágicas, vibrantes, afortunadas. Torpes, apresuradas, escondidas. Qué os voy a contar. Vosotros ya me entendéis. Todos hemos pasado por allí.
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Una ventana. Asomarme. Parecía sencillo, pero no. Como una maldición maya. Empecé a trabajar en un sótano. Dábamos el tiempo a ciegas. Pasé a un semisótano. Se inundaba. Cuando por fin tuve aquí mismo una ventana, era sin vistas. Hasta hoy. Miro por la nueva. Todo está quieto. En unas horas empezará a llenarse de vida. Estoy extrañamente sereno. Plácidamente nervioso. Inconscientemente tranquilo.
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Mañana será mi primera vez.
Qué raro, es en casa.
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Novato veterano.

La narrativa

Somos muy tontos. Siempre que viajamos nos montamos una historia, una narrativa. Subiendo y bajando curvas hasta Cadaqués sonaba La Costa Brava y El regreso de Abba. Nos preparábamos para ser bohemios. Slow life. Yo siempre me meto mucho en el personaje. Adopto el acento local. Método Stanislavski. Molt macu, nois. Vaya, contado así, doy un poco de vergüenza ajena.
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Que Juegos Olímpicos ni que Eurocopa. Si la competición estival es quién lo pasa mejor. Quién visita más lugares, más playas, más cervezas. El campeonato de la felicidad. Que menudo verano te estás pegando. En redes sociales todos creamos también nuestra propia narrativa. Una imagen. Todos la cultivamos. Todos caemos. O mostramos o miramos. Son la nueva Hola, Pronto, la Diez Minutos.
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Creyendo que nos poseería el espíritu de Dalí no vimos venir al de nuestros padres. La narrativa de los 80. Cadaqués tiene ese punto kitsch. Estos días no he dejado de pensar en nuestros viajes. El coche lleno de maletas. La cama supletoria. El menú del día. Nos ha faltado revelar un carrete desenfocado. Qué ironía. Tantos años huyendo de ellos para acabar encontrándotelos en el espejo.
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Vas de moderno hasta que se te queda cara de padre.

Mi soledad y yo

Cógelo. La matrona me lo acercó. No contaría con más de unos minutos de vida. Eh. Espera. Quieta. Y eso cómo se hace. Sonrió. Tan preparados para el parto y tan poco para el después. Ten. Ya verás qué natural. Pum. Me quedé inmóvil. Sin mover un músculo. No me fuera a caer a la primera. Busqué alguna complicidad. Un consejo. Nadie. Eran pocos. Atendían todos a la madre. Estaba solo. Acojonado.
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Nos vamos a Ibiza en julio. Las Summer. Viaje de terapia. Campamento de pilates. Yo le seguí el juego. Me hice el chulo. Claro, disfruta. La vi pelearse con una mini maleta. Hacerse una PCR. Continué. Qué bien os lo vais a pasar. Mi Santa debió sospechar mi desasosiego y me regaló el libro de Tarantino. Pero el viernes se piró. Y nos quedamos los dos. Solos. Yo, que aparento mucho pero no soy nada, al mando. Acojonado.
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Les prometo que no he llorado. Hemos jugado. Visto la tele. Paseo. Piscina. Potito. Siesta. Todo sin sobresaltos. Eso sí, no me he quitado de encima la sensación que, en algún momento, Pep se giraría hacia mí para lanzarme la pregunta. Muy bien todo, pero… ¿Cuándo acaba la broma? ¿Y la mami? No lo haces mal, pero no hay color. Sí. Que descubriera la farsa. Y no crean. Que yo pienso como él. Soy un sucedáneo.
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Y aquí estoy. Mirando el reloj. Contando los minutos. Esperando a que llegue a casa. Mi soledad y yo.
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Como el título de aquella canción. Qué horror.