Categoría: Proyectos

Ha merecido la pena

Llamaron a la puerta. Cuando me quise dar cuenta ya la tenía enfrente. Llevaba en la mano un dibujo. En la cara su sonrisa picarona. Felices vacaciones, jefe. Aún faltaba una semana para acabar las clases. Quizás el tiempo se percibe de una forma diferente con un cromosoma más. La vida, seguro. Por eso ella siempre sonríe más que nosotros. Qué lista que es.
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Ayer fue su último día en el colegio. En septiembre marchará a un centro especial. Celebró su fiesta. Globos. Música. Danzas. Lágrimas. Muchas. De todos. Mirándola, dudamos que fuera consciente que aquello era una despedida. Sus compañeros, sí. Los veíamos bailar desde fuera. La integración tiene que ser algo parecido a eso. Hacerla sentir una más.
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Acaba un curso duro. Complejo. Extraño. Histórico, por desgracia. Hubo quien no tuvo claro abrir los colegios. Quien consideró que se nos ponía en grave riesgo. Puede ser. Pero esto no iba de nosotros sino de ellos. De tantos niños como Gloria parados en casa durante meses. Desubicados. Encerrados.
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Sólo por abrirles las puertas, todo ha merecido la pena.

La ventana

La luz de sol no alcanzaba allí abajo. Emitíamos desde un sótano. En algún boletín anunciamos cielo soleado mientras una nube traicionera descargaba lluvia. Su arquitectura era peculiar. Había sido sala de exposiciones. Compartíamos baño con el bar de arriba. Los jubilados se despistaban y aparecían por los estudios. Nos calló el techo. Nos dejaron sin salida de emergencia. No tenía ventanas. Pero nos encantaba estar allí. Vivir allí.
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Ayer retomaron las emisiones de manera oficial. Nueve años después. Qué alegría. Tienen un gran equipo y muchas ganas. Esta mañana, escuchando la bienvenida institucional, casi tengo un accidente. Qué risa. Qué desfachatez. Que estamos de enhorabuena ha dicho. Que a dar cabida a todos. Ella que cerró la radio. Que nos hizo dar en directo y presentes el pleno que nos echaba a la calle. Asistimos de invitados a nuestro propio funeral.
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Años después coincidimos en una boda. Me esquivó. Pero yo la saludé. Le dije que casi me hizo un favor. No creo que me entendiera. Pero he ido a mejor. Ahora tengo una ventana en el despacho del cole. Es pequeña. Sólo se ve cielo. Sigo sin enterarme cuando llueve. Pero entra luz. Y no descarto buscarme una más grande.
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Ojalá nunca más vuelvan a cerrar ventanas.
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Feliz día mundial de la radio.

Bones notícies

S’imaginen un mitjà de comunicació que només contara notícies positives? Seria com un colp damunt de la taula. Farts de successos, esdeveniments buits i propostes viciades, no seria meravellós donar llum als fets que construeixen e inspiren un món millor? Podria tindre el seu públic. Però també els seus detractors. Sentenciant que és utòpic, poc comercial i, el pitjor, que això no és periodisme. Perquè hi ha que plasmar la realitat tal i com és, clar. Però és així realment? S’informa amb justícia? Tots tenim cabuda?

El periodisme sempre ha jugat un paper clau en la societat moderna. No podem formar part plenament d’ella si no sabem què esdevé al nostre voltant: veure els fets, analitzar-los i, després, actuar en conseqüència. Però, curiosament, en l’època d’accés més universal a la informació hi ha buits, silencis, afonies mediàtiques. No és fàcil fer-se un lloc a les portades. Massa propostes, massa interessos, massa soroll. I, per desgràcia, allò que no es nomena, que no es coneix, té el perill de no existir, de ser invisible.

L’agenda mediàtica, jornada a jornada, ens va marcant quins assumptes tenen interès informatiu i quanta rellevància se’ls dóna. Com un índex borsàtil. Imaginen la pressió econòmica i política cap als mitjans. És una batalla mediàtica perquè tots no caben. Una presència constant (positiva, clar) significarà augment, per dir-ho d’una forma suau, del volum de negoci i continuar als cercles de poder. Malauradament, dins d’este procés de construcció de l’actualitat, conscient o inconscientment, els mitjans es deixen pel camí altres “realitats”, provocant que quasi no existisquen. I, si un dia trauen el cap, serà com una gota en mig d’un oceà de publicitat i informació.

Però com canviar esta tendència? Per començar, enfortint la independència dels mitjans de comunicació per aconseguir un periodisme de qualitat i lliure. La revolució digital els ha espentat a una transformació incerta del seu propi negoci. No són immunes a les crisis i, si els números no quadren, corren el risc de retallar en personal, en capacitat crítica i acabar deixant-se en mans d’anunciants i notes de premsa. Per a evitar-ho, com sempre, la ciutadania tenim tasques a fer: apostar pel valor de la informació. El bon periodisme té un preu. No tot el que és gratis és bo. Els nous models de pagament són el futur de les empreses informatives i la salvaguarda de la seua independència.

Només així, l’agenda mediàtica pot estar marcada pel sentit comú i no per interessos comercials o polítics. Ara sí podran mostrar altres realitat, totes les realitats. Totes eixes iniciatives que transformen el món des de persones anònimes, sense més interès darrere que contribuir al creixement col·lectiu. A més, donant valor a allò més prop, anant de lo local a lo global. Com deia en una de les seus columnes el malaurat Carles Capdevila, “calen més veritats personals als mitjans, donar veu a persones de veritat”.

La crisi sanitària, social i econòmica provocada per la Covid-19 ens ha donat una nova oportunitat. Molts han descobert el poder del bé comú, de treballar en xarxa. Si els ciutadans hem eixit d’esta crisi junts, cooperant, per què no seguir contant les iniciatives que ho fomenten? Per què no contar bones notícies?

Bones, perquè són positives i perquè estan ben contades.

NOTA: Artículo aparecido en el número 77 de Papers Associatius de l’Horta Sud.

Vida

Hoy hemos emitido el último episodio del podcast del cole. Como giro final nos hemos autoparodiado pasando de presentadores a entrevistados. También hemos dado una terrible noticia: amenazamos con volver en septiembre. Con alumnos. Cara a cara.
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Hemos parido ocho programas en cuatro meses. Sin periodicidad ni duración fija. Sin repetir planteamientos ni músicas. Hemos hecho lo que nos ha dado la gana. Cerramos la primera temporada en el mejor momento. Con el tono ya cogido. Tontos pero simpáticos.
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Al empezar no tenía claro lo del podcast, pero ha servido para conectarnos. A mí para desconectar de la tormenta. Somos flexibles. Hemos hablado de impresión en 3D, de perros voladores, de los 80, de teachers, del Camino de Santiago, de contrabando de naranjas, de detergente para camisas negras… El árbol de Navidad es atrezzo.
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Santi, en el cuestionario de este episodio, ha respondido que el colegio para él es vida. En el fondo, de eso ha tratado el podcast: del colegio, sus personas y sus vidas.
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De nuestras vidas.

El podcast

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“Tenim que fer un podcast sobre Torrent. Estaria guapíssim”. Una mañana de verano recibí este mensaje. Como siempre, le seguí la corriente a @santi.miquel. Grave error. Al poco, construyendo la casa por el tejado, ya tenía sintonía y “Hotel Lido” como título. También convenció para la causa a @sergiolleig y juntos fabulamos unos contenidos disparatados. Tranquilo, en septiembre lo retomamos. Todo quedó pospuesto por razones laborales y de futura crianza. Lo sabíamos ese día de playa. Le engañamos a conciencia.
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“He connectat l’equip de gravació. Se m’ha ocurrit una cosa molt guapa”. Cuarto día de confinamiento. Otro mensaje, otro podcast. Esta vez por higiene mental personal dije sí. Además, la idea de conectar el cole con sus familias me pareció maravillosa. Ayer salió en el aire el primer “El Pont del Claret”. Pese a los pocos medios y mucha improvisación, parece que ha gustado. Y mira que estoy desengrasado. Y acelerado.
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Mi momento más ridículo en la radio fue subido a un remolque. Siempre fui experto en conectar en lugares inverosímiles. En una cabalgata, me aupé en marcha a la parte exterior de uno e iba entrevistando en directo con el móvil. Era verano. Una señora, pidiéndome balones de plástico que repartían en el remolque, me estiró los pantalones hasta bajármelos. Con dos brazos en mi haber, debía elegir: subírmelos soltando el móvil o cayendo del tractor o seguir con la entrevista enseñando mi ropa interior al mundo exterior. Elegí ser profesional.
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Ahora y siempre, the show must go on.