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No nos enteramos

Los niños de los países pobres ríen más que los de los ricos. Puede resultar paradójico, pero, cuando escucho testimonios de cooperantes o misioneros, siempre escucho la misma conclusión: allí con poco los niños son felices. Y vaya como ríen.

Quizás sea cuestión de aspiraciones y (por tanto) de frustración. Quizás la felicidad no está tanto donde creemos. Quién sabe. Pero, cada vez reímos menos. Y nos enfadamos más. Porque nosotros, los mayores, en occidente, ay, seguimos discutiendo la forma y no el fondo. Miren, si no, el Congreso. Y Twitter. Y el último chascarrillo del mercado. Nos obcecamos. Nos hierve la sangre en seguida. El dimoni se’ns posa dins y perdemos la perspectiva, las formas, las razones, el sentido común. Y lo echamos todo a perder.

La ignorancia es muy atrevida, desde luego, pero más el mal humor.

No nos enteramos. Seguramente todo sea más sencillo.

 

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Trienios

Hoy ha sido día de visitas. Qué curioso aquello de usar las huelgas de estudiantes para visitar un colegio, tu antiguo colegio.

Algunos lo han hecho con mucho cariño. Saben que es su casa. De hecho, ha sido una gran alegría. Notas el poso que fue quedando clase tras clase. Que todo no fue pronom feble. Para aquel que va y viene desde lejos todos los días, que pocas veces camina por sus mismas calles, estos detalles llenan. De hecho fue de lo primero que me llamó la atención al aterrizar: las frecuentes visitas de antiguos alumnos. Dice mucho. Y no crean que sólo regresan los alumnos excelentes.

La cuestión es que, de repente, he caído en la cuenta que ya os conozco a todos. Que mis gafas ya cubren todos los cursos. Que aquel uno y dos de ESO ahora es un uno y dos de Bachillerato. Que algunos estáis ya muy mayores. Que, incluso, algunos que aparecisteis después, actualmente, sois como mi familia.

Que sigo aquí.

Ya cobro trienios y todo.

Mirar hacia dentro

Abruma la campaña mediática de Mediaset para que todos vayamos a ver (redundancia) Un monstruo viene a verme. No estoy seguro si fui al cine por la promoción o por mi interés propio. Creo que por vivirla con amigos. Técnicamente es impecable, pero bastante dura. Muchos de ustedes llorarán. Habla de afrontar lo inevitable. Desde la mirada de un niño. Si han vivido un caso cercano, les removerá por dentro. A mi me sucedió.

No sé a ustedes, pero uno que está muy acostumbrado a la narrativa visual y escrita, lleva una temporada que le atraen más las historias que se centran en mirar hacia dentro que en las tramas sin descanso ni cuartel. Será cosa de la edad. Por eso están teniendo éxito las biografías de Karl Ove Knausgård o James Rhodes. Me parece muy valiente abrirse en canal.

Y tampoco es de extrañar que muchos creamos que The Leftovers, Transparent o The Affair son de lo mejor de las últimas temporadas seriéfilas (sí, claro, Games of Thrones y Fargo, también). Son experiencias emocionales de primer orden. La desesperación ante la perdida humana, la búsqueda de la propia identidad, la dificultad de amar linealmente. Son tres ejemplos de historias bien narradas mirando hacia lo profundo de uno mismo.

Porque nadie de nosotros estamos a salvo de la condición humana.

¿Quién sabe exactamente adónde va, qué quiere o qué siente?

Ciao

De una forma inauditamente inesperada, dediqué parte del verano a leer. Con intensidad, añadiría yo. Como si en septiembre, cual metáfora del estado actual de nuestra política, fueran a prohibir en todo el país la venta de libros. Incluso pude deleitarme con alguna serie. Y películas. Increíble. Hasta documentales he tachado de mi lista de pendientes.

Me causó una honda impresión “Ciao Pirla!”, el documental sobre el viaje de 1.369 kilómetros en bicicleta de Óscar D’Aniello (cantante de Delafé) transportando las cenizas de su padre desde Barcelona hasta el lago de Como. Mientras él pedalea, el público, nosotros, los seres humanos, recorremos también sus sentimientos y su pasión por la música y por el deporte de las dos ruedas.

Paralelamente, el documental va mostrando el proceso de gestación y grabación de “De ti sin mi / De mí sin ti”, el disco de 2013 donde D’Aniello vomita todo el proceso de la muerte de su padre. Curiosamente, es mi disco favorito de esta banda de hip-pop (como les define el productor Paco Loco) por ser el más orgánico y duro.

Su visionado da para muchas lecturas. Por ejemplo, el sentido social de la música. En un momento del documental, uno de los parientes italianos de D’Aniello, reflexionando sobre sus canciones, cómo cobran una determinada forma por lo que le ha ocurrido en su propia vida, concluye que “la música da emoción a las palabras”. Chapeau.

Siempre he tenido miedo a no estar a la altura de los acontecimientos. A no dar la talla cuando la situación lo requiera. Creo que Óscar D’Aniello sí que lo ha conseguido.

No se me ocurre una forma más bella e intensa de decir adiós.

 

NOTA: Un click aquí y podrán ver el documental entero.

Educar en tiempos revueltos

Tenía dos horas para tomar unas cuantas fotografías. Según la planificación de entrada escalonada, mi tutoría de 4ESO llegaría al colegio a las 11:00, así que, agazapado, sin que se notara mi presencia, he ido entrando por algunas aulas para plasmar en imágenes lo que supone el primer día de colegio.

Es una jornada con una vibración especial. Una mezcla de alegría, nervios y curiosidad. Es difícil de definir. Hay que estar ahí y sentirlo. Pero es fantástico. Por eso parece increíble que, a día de hoy, la educación siga estando rodeada de polémica. Que uno de los bienes más preciados, que la llave del futuro, no conozca en nuestro país la palabra consenso.

En nuestra Comunitat Valenciana, incluso, la cosa empeora. No me extenderé, porque es muy sencillo de entender. España, a causa de la posguerra, no tuvo garantizada la educación para todos. Y allí surgió la concertada. Como respuesta social. Años después se regularizaría y se complementaría con la red pública. Por eso, constitucionalmente, cada uno puede elegir el tipo de educación que prefiere.

Lo que para unos es una suerte, poder escoger, para otros es un problema. Algo a eliminar. Un agravio comparativo. Un negocio. Y decenas de prejuicios más. Claro que hay (los menos) quienes se han aprovechado del sistema. Pero igual ocurre con el sector público. Por desgracia, las malas raíces pueden brotar en cualquier lado.

Así que, en este primer día, uno tiene también una sensación agridulce.

No se pueden imaginar en medio de qué dificultades hemos de educar. Cómo ilusionar cuando te quitan la ilusión. Las aulas que hoy he fotografiado han dicho adiós este verano a dos compañeros por culpa de una partidista interpretación de unos fríos números. Hay padres que se han quedado sin poder optar a entrar en ellas. De nada ha servido la reconocida (por la propia Conselleria) calidad educativa. De nada.

Un curso más no hay consenso, ni estabilidad, ni amplia oferta. Se ha vuelto a hacer política con la educación. Y todo indica que nos queda para rato.

Que no nos quiten la ilusión por educar.

Feliz inicio de curso escolar.