El mito de la caverna (nevada)

Nos lo tomamos a risa, porque somos así, guasones, socarrones, llenos de salero. Porque es nuestro carácter español, tan mediterráneo. El del chascarrillo, la chirigota y el buen humor.

Y, reconozcámoslo, a montajes fotográficos y memes no nos gana nadie. De hecho, seguro que existen talleres clandestinos donde, en vez de chinos con máquinas de coser, hay cienes de humoristas anónimos encadenados a sillas y móviles, esperando que muera el famoso de turno o salte la noticia del día para iniciar su envío masivo de chistes por la red.

Y nos hace gracia. De hecho, entre redes sociales y WhatsApp, la cosa se difunde de rápido cosa mala. Ya saben, somos así de la fiesta.

Miren, si no, hoy. Un poco de agua-nieve en Valencia y avalancha de chistes gráficos y, ay, fotos que todos hemos dado por ciertas. De hecho, la misma supuesta estampa nevada de la Patacona servía para la Malvarrosa o Denia. Y hasta San Agustín hemos jurado y perjurado que estaba nevado.

Pero todo era falso.

Y, claro, en medio de tanto jolgorio, despiporre general y pitidos constantes del móvil, uno cae en la cuenta qué manipulables somos. Qué rápido que damos por cierta una noticia o una imagen.

Y uno se cuestiona el exceso de viralidad de nuestras vidas, llena de mitos deformados e imágenes prefabricadas. Porque a todo lo damos por real. Como aquellos pobres encadenados a la caverna de Platón.

Qué aborregados que podemos llegar a ser.

Y qué fáciles somos de engañar.

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