Rastro de Dios

Nos pasa a muchos. Posiblemente, a usted también. Cuando la Navidad nos roza con su mano, cuando cae la noche del 24 de diciembre, siempre nos viene a la memoria un cuento que leímos de pequeños. Siempre es el mismo. Siempre volvemos a él

Es aquel del ángel chiquitito que, en pleno barullo de la creación, quedó encargado de la custodia de una estrella, pero nadie regresó a pedírsela. Y así se quedó, sobre una nube, inmóvil por su enorme peso, como fiel espectador de la historia de la humanidad.

Hasta un noche. Una noche diferente. Todos buscaban la estrella que debía guiar a unos Reyes de Oriente. Y era la suya.

“Cuando llegó Dios, lo miró y le sonrió, así como en el cuarto día de la creación, cuando le había dado la estrella con su mano derecha”.

Feliz Navidad.

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