Manifestaciones

He estado en concentraciones de todo tipo. Políticas, cívicas, religiosas, pacíficas, deportivas, musicales… Lugares donde a mi alrededor se aglutinaban decenas, centenas o miles de personas. En algunos casos, decenas de miles, incluso centenas de miles, qué digo, pasando el millón de personas. Las he vivido también de todas las maneras. Concienciado, obligado, curioso, como espectador o, incluso, trabajando, narrándolas. Así es la necesidad del ser humano de juntarse con sus semejantes. La manada no es sólo cosa de animales.

En estos días extraños donde, por poner un ejemplo, el centro de Valencia puede estar cortado sábado sí, sábado también, a causa de una manifestación, uno se pregunta si sirven para algo además de reafirmarse a uno mismo. Si las cadenas humanas, las acampadas, los encuentros mundiales, las cumbres internacionales o los gritos ante una sucursal bancaria tienen utilidad si, a final de cuentas, sus gritos sólo los escuchan ellos mismos, porque nadie escucha a nadie. Que como cantaban aquellos, ningú escolta els vells, el clam, el so, el món. Ningú escolta ningú.

Al menos, el sábado pasado, cuando mi Santa y yo nos plantamos junto a 25.000 personas en el DCODE, escuchamos buena música.

Vaya. Quizás, si todos escucháramos un poco más música se nos acababa la tontería antes.

Así nos ponemos de una vez por todas a arreglar esto.

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