Huelga decirlo

En citas como las de hoy siempre repito la misma cantinela: es tan lícito y aplaudible hacer huelga como no practicarla. No ir a trabajar sin represalias es un derecho, un fenomenal instrumento democrático para expresar un descontento, pero, igualmente de válido y honroso es no ejercerlo. Por eso, ante piquetes informativos abusivos o servicios mínimos no respetados, muchos pierden todo el sentido de su protesta.

Olvidamos con demasiada frecuencia que los derechos se cruzan, chocan. Dónde acaba uno empieza otro. Qué bueno es el derecho a manifestarse, pero sin tocar el derecho a la seguridad generando alteración del orden público. Fenomenal es la libertad de expresión pero sin mentir o dañando la intimidad y el honor. Cuando celebramos el derecho a la dignidad personal incluye respetar la libertad ideológica y religiosa. Todas. Tu derecho a la cultura (¿la fiesta?) no puede impedir mi derecho al descanso. Existe la liberad de empresa dentro de la economía de mercado pero también el derecho al trabajo y a una vivienda digna. Tenemos estado del bienestar, derecho a la protección de la salud, a la educación, pero también el deber ciudadano del sostenimiento de los gastos públicos. Incluso la participación política, esa clase que algunos detestan, es un derecho al que cualquiera puede optar.

Y no crean, toda esta parrafada jurídica no viene de la mano de ningún experto en derecho. Que va.

Simplemente he leído nuestra Constitución Española.

Igual he aquí el problema: casi nadie sabe qué diantres pone allí.

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