Come on rise up!

 

And a hard times come / and a hard times go.

Junto a las tres horas largas de actuación y el #vaportinacho, muchos medios han destacado hoy, como uno de los momentos clave del concierto de anoche de Bruce Springsteen en Madrid, su sentido ánimo a todos los trabajadores españoles en paro. Se agradece. Defensor como es de las causas sociales, se aprecia en ese sentimiento un tono verdadero. Como un conjuro, en “Wrecking Ball” (una de sus mejores canciones y que da nombre a su último e irregular disco), el Boss repitió sin parar “Los malos tiempos vienen, los malos tiempos se van”. Sí. Exorcismos musicales para levantar el orgullo perdido.

Soy fan tardío de Bruce Springsteen. Me enganché en 2002 con “The Rising” y lo hice empujado por el aluvión de críticas positivas sobre un disco que recogía todo el sentimiento neoyorquino del 11S y lo empujaba a resurgir. A salir. A renacer.

“My City of Ruins” es una de mis canciones favoritas del de New Jersey. No sólo por los tiempos actuales. Desde que la oí, la sentí como propia. La necesidad de revelarse ante las desgracias, de vencer a los malos tiempos. Como una plegaria, la canción va ascendiendo, poco a poco, creciendo, expandiéndose, sumando voces, con un coro gospel, magnifico, llegando a todos los rincones, mostrando unas manos, unas manos que piden, que rezan, por la fe, por el amor, por el coraje.

Hasta que nos pide que nos levantemos.

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