#alacrisislequedandosdías

Ustedes, queridos lectores que, pillines, muchos se han hecho ya twitteros, seguro que habrán percibido que, de un tiempo a esta parte, cada mañana a primera hora, uno, que es soñador por naturaleza, intenta dejar en la red unos cuantos mensajes esperanzadores, persigue hacerse eco de las noticias que demuestran que, si queremos, a la crisis le quedan dos días, como proclama su hashtag.

Pero, esta diminuta iniciativa personal no es consecuencia sólo de un impulso optimista. No crean, tiene su base científica. Hace tiempo ya se lo comenté. Aunque les suene a pitorreo, los ciclos económicos tienen una íntima relación con los estados de ánimo. Esta teoría la escuché por primera vez en boca del gran periodista económico Javier Ruiz (lástima que la única vez que he tratado con él fuera buscando un “desaparecido”, pero esa es otra historia): cuanto más se repite la palabra crisis más estamos abocados a ella.

Como nos cuenta en su libro en “Psiconomía”, los amigos The Economist, simpáticos ellos, tienen un indicador económico informal llamado el “Índice R” que mide el número de veces que New York Times y Washington Post (los dos medios más importante de este, nuestro planeta) pronuncian la palabra “recesión”. Pues agárrense a sus asientos, pues la subida de esa “Curva R” es inversamente proporcional a la caída de confianza de empresarios y consumidores. Vamos, que cuando una sube la otra baja. Es más, se adelanta en una especie de profecía autocumplida.

Como ven, la economía también tiene cambios de humor. Y quien dice prensa dice redes sociales. Atentos a la jugada, porque como se hace eco el último GQ, un tal Johan Bollen, profesor de ciencias informáticas en la Universidad de Indiana, ha analizado la relación entre Twitter y Wall Street. Ya lo ven venir, seguro. Durante diez meses de 2008 (sí, 2008, es que aquí la moda, como casi todo, nos llegó con retraso) analizó una décima parte de sus 300 millones de mensajes desarrollando luego un algoritmo que buscara las palabras clave más frecuentes. Una vez llegados a este ranking, las clasificó en una escala que indicara el estado de ánimo predominante en la red (de feliz a triste con todas sus variantes). Hecho este diagnóstico del humor diario, se deja reposar un par días y, voilà, los mercados se ajustan a los estados de ánimo virtuales. Tristeza en la red y a los tres días cae la bolsa. Alegría y suben los índices bursatiles. Tatatachán! Y funciona en el 90% de los casos en Dow Jones!

Así que ya ven, no estoy tan loco. Es más, si nos sumamos todos a mi discreto intento de insuflar optimismo cada mañana, si llega ese aire fresco a los señores del mercado, a los empresarios, a los políticos, a los consumidores… quién sabe, igual podemos hacer girar las tornas.

A partir de ahora, prohibido decir la maldita R.

Sólo buenas noticias. Que a la crisis le quedan dos días.

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  1. Javier Lacort

    No está nada mal ser optimista, pero tampoco hay que dejar de tener los pies en el suelo. En diciembre, la Generalitat tuvo que pedir ayuda al gobierno para pagar ‘sólo’ 123 millones de euros de deuda. Este año, vencerán 3400 millones, que ya veremos si se pueden pagar, cómo, y qué acarrea. A nivel nacional, las cosas ni fueron ni son mejores. Aunque los políticos y los banqueros sonrían y dejen que les entre ese aire fresco, no podrán desplazar la dura evidencia: las cifras de la deuda no son un estado de ánimo.

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