Procesionando

Ya que ayer hablábamos de estados de ánimo, hoy continuamos recorriendo la misma senda y lo hacemos con una verdad irrefutable: la Semana Santa me pone de muy buen humor.

Sí, amiguitos, en general, la perspectiva de la mayoría de fiestas locales me sube el ánimo, pero en estos días en particular me sube más la bilirrubina. Vengo procesionando desde muy pequeño y me siento muy identificado con la hermandad a la que pertenezco. Disfruto mucho de estos días, la verdad. En especial del Domingo de su Resurrección. Como todos, supongo. Pero llevar la Virgen al lado y acompañarla a casa cuando todo acaba… Oye, que uno no se va tranquilo de Pascua si no cumple con esa obligación!

Vale, que a veces me verán refunfuñar. Son cosas mías. Tengo intolerancia a contemplar cómo las cosas sencillas se convierten en difíciles por el afán de aportar algo a la fiesta o, lo peor, hacerse de notar. No siempre cualquier cambio es para mejor. Pero, como les decía, que son cosas mías.

Pero apartemos los malos espíritus y disfrutemos de estos días. Y, como siempre decimos en previsión, la lluvia primaveral no se puede controlar, si no se puede salir hoy, saldremos el año que viene. No passa rés.

Sentido común para todos.

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