La realidad

Cuando cruzas de una determinada edad y la efusividad de la primera juventud da paso a la conciencia de la realidad, quieras o no, vas descubriendo los principios impepinables de la vida (esos que nadie te ha enseñado porque tienes que aprenderlos por ti mismo). Seamos claros, hacerse mayor es una jodienda, pero, al menos, ganas en perspectiva. Porque, cuando vas pasando hojas del calendario, sobre todo, aprendes que todo no es bueno, bonito y barato. Que la vida no es de color de rosa. Pues vaya, pensé yo, estaba mejor antes, tontaina perdido, ignorante de mi! Puede ser, pero, luego, igual que aprendes a asumir que no todo saldrá a la primera, también descubres que la vida concede segundas oportunidades, que lo que ahora parece malo puede ser bueno en el futuro y, sobre todo, que el camino es largo y siempre habrá tiempo para reencontrarnos ya que las carreteras se cruzan una y otra vez.

Diría más, a veces incluso, te da la sensación que el camino es circular.

Que al final, volvemos donde empezamos.

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