Geopolítica

Si recuerdan, en nuestras clases de Historia (sí, aquellas interminables transcripciones de la lección magistral del profesor y su tarima), cuando llegaba el momento de describir los procesos bélicos de la edad moderna, pronto salía la palabra geopolítica. Nada ocurre por casualidad. Los sucesos siempre están provocados por la situación geográfica, los recursos naturales y los movimientos políticos.

Ninguna guerra empieza porque sí. Siempre hay intereses detrás. Muchos. Que se lo digan en el siglo XIX y XX a los sufridos habitantes de Alsacia y Lorena, o a aquellos explotados en las minas de diamantes de Sudáfrica o los camellos de la Guerra del Golfo. Todas tuvieron su por qué. Por eso, nunca hay que delimitar una acción bélica (para anexionar un territorio o para pacificarlo) a una partida real de Risk. Siempre hay más.

El problema es que el siglo XXI y las películas americanas han creado en nuestra conciencia una polarización poco real. Tenemos héroes y villanos. Salvadores y castigadores. Una invasión ilegal y una liberación justa. Pero hay más detrás, no lo duden. Y la correlación de fuerzas internacional no es tan sólida y equilibrada como parece.

No soy docto en geopolítica ucraniana y rusa, pero no deberíamos ver sólo a Putin como un nuevo imperialista y a la OTAN como una fuerza de paz. Hay mucho más detrás en esta partida de ajedrez. Hay intereses creados. Como en Oriente Medio. Como en los dragones asiáticos.

Quién sabe, quizás deberíamos volver a repasar nuestros apuntes del instituto.

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