Estados zen

Son fáciles de reconocer. Conforme aparece una nueva propuesta encima de la mesa, de ellos surgen las pegas. Que si es imposible, que si encuentro tal problema, que a ver si quedamos mal, que no va a salir bien… Son los cenizos. Aquellos expertos en ver siempre la botella medio vacía. Y lo peor, son aquellos empeñados en contagiar sus malas vibraciones al resto.

Espántelos como moscas. Sin dubitaciones. No podemos permitirnos el lujo de pensar en negativo. Siempre positifo, como decía aquel guiñol con cara de ladrillo. Nos debemos a nosotros mismos siempre la necesidad de creer, de soñar, de pensar y trabajar para que todo salga bien. Y contagiemos nuestras buenas vibraciones al resto.

Pero, ojo, lo que se dice se cumple. Seamos esclavos de nuestras palabras. Tan grave es ser un cenizo como proclamar aquellas frases tan misterwondurfulianas como “Haz que cada día merezca la pena”, “Lo único imposible es aquello que no intentas” o “Deja de esperar que las cosas pasen, sal ahí fuera y haz que pasen” y, después, no cumplirlas.

Cumplamos nuestras palabras.

Que el estado zen sea el positivo.

Pero con palabras y hechos.

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