El dedo en la llaga

Mala leche hubo un rato. Lo han de reconocer. Porque si no, no se entiende.

Primero, porque a ese circulo vicioso en el que están metidos los partidos políticos con la corrupción y el deshonroso “tú más” señalándose unos a otros, le faltaba, para mayor vergüenza, el robarse a uno mismo con el curioso caso de Amy Martin. Manda narices. Y encima con nombre de mujer fatal de burdel. Después, porque, como bien señalaba al día siguiente Enric González, al final la responsabilidad nunca es de nadie.  Pero, todo este sainete, para más inri, se destapó en el propio día del patrón de los periodistas, San Francisco de Sales, recordándonos al resto de profesionales, cuánto listo se ha hecho rico en esta industria periodística se va ahora al garete, con una falta de medios profesionales tan grave que acaba provocando errores de bulto como el de El País con la fotografía falsa de Chávez publicada justamente al día siguiente del destape de la articulista sin cuerpo.

Pero aun quedaba el último dedo en la llaga: cobrar 3.000 euros por pieza.

No me jodan.

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