Inspirar (respirar)

Estoy harto de la filosofía barata. Sí, esa con la que nos topamos en Twitter, sobres de azúcar y galletitas de la suerte. Esos consejos zen que nos iluminan para ser cada día más buenos, optimistas, maduros, sabios y geniales. La piedra filosofal de la sabiduría popular. ¡Pues no ha crecido el ser humano gracias a esas reflexiones de todo a cien!

Malditas frases. No seré capaz de negar que en su contexto concreto pudieron ser un buen consejo, pero un retweet no nos hace mejores personas. Ni más listos. Ni príncipes encantadores. Nos narcotiza descargar la conciencia con palabras sin meditar sobre su significado, sin actuar en consecuencia. Queda mejor, en público, pronunciar la frase que mejor va a sonar. Respirar tranquilos aunque sea un brindis al sol. Por ejemplo, este texto, fácil es escribir, difícil es responder con acciones reales.

Las frases nos pueden estimular, empujar, animar, pero nunca substituirán a la mejor inspiración: el propio comportamiento humano.

Quédense ustedes con las frases, que yo me quedaré con los hechos. Como esa monja albanesa (que murió precisamente tal día como hoy) que estuvo más de 45 años atendiendo a pobres y enfermos en Calcuta. Como ese niño que se convirtió en el mejor mago de cartas pese a quedar manco tras un accidente. O aquel músico sordo sus últimos 25 años de vida justo cuando compuso sus mejores obras.

O, el caso de Albert Casals y su increíble historia. Un adolescente en silla de ruedas desde pequeño que, con dos duros en el bolsillo, mucha labia y mucho más morro, con 15 años recorrió Europa, con 16 Tailandia, con 17 dio su primera media vuelta al mundo y con 18 ya no hubo quien lo parara. Sería injusto (y muy extenso) intentar narrar una historia que él mismo ha contado en un par de libros o que Orsai fue desgranando número a número, pero su vitalidad y desprendimiento de ataduras materiales es digna de elogio. Inspira.

Hay miles más de ejemplos. La mayoría protagonizados por personas anónimas que, con su actitud, nos inspiran a ser más grandes, mejores.

Y si la cima del éxito no se puede tocar con la punta de los dedos, al menos que nos ayuden a tomarnos la vida con mejor filosofía.

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