Cámara oculta

Andamos estos días los periodistas enfrascados en aquello de si es lícito o no usar cámara oculta. En buena estamos metidos, porque ya sabemos que, cuando entran en conflicto dos derechos, la línea que separa uno de otro es difusa. Siempre la protección del más importante dejará un poco manco al menor. En este caso gana el derecho a la intimidad al de la información.

No es fácil posicionarse, inicialmente parece obvio que usar el engaño para conseguir información no es correcto, pero ciertas denuncias graves posiblemente no se podrían conseguir o mostrar sin el uso de la cámara oculta. Aparte, una cosa es investigar y otra la emisión. No todo es televisión en la vida.

Veremos la cosa cómo evoluciona, pero pixelación de rostros aparte, los periodistas deberíamos apostar por el trabajo serio y riguroso. Todo lo contrario irá en contra de una profesión, ya de por si, vapuleada. Todo medio debería tener un código deontológico y un libro de estilo que pautara claramente las formas de trabajo.

No podemos informar a cualquier precio.

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