Desasosiego

Más es menos y menos puede ser más. En la ficción, para crear miedo o desasosiego no es necesario grandes escenas con malos feos y situaciones escabrosas. No tiene por qué. En The Wire, nos dan una lección de buen cine para que sólo la visión de una persona fuera de su hábitat natural nos provoque la misma sensación de desasosiego sin la necesidad de recurrir al truco del susto o del suspense.

El Comandante Howard ‘Bunny’ Colvin, ahora ubicado en la escuela en un proyecto social para educadar a los Chicos de las Esquinas, decide premiar a tres alumnos que han ganado una actividad cooperativa con una cena en uno de los mejores restaurantes de Baltimore. Hasta aquí todo normal. Pero, lo que parece ser una secuencia donde, por fin, los chicos descarriados vislumbrarán que otra way of life es posible, se convierte en un momento de lo más incómodo. Y, lo peor aun, esa sensación se traspasa a los espectadores.

Imaginen, los chicos, entre risas, llegan al restaurante con su profesor, llenos de compadreo, admitiendo la música de jazz del coche y vanagloriándose de su triunfo. Pero, una vez en el interior, todo cambia. Se sienten desubicados. Ni es su sitio ni conocen las reglas. No son los fanfarrones líderes de su manada. No saben cómo actuar y, cohibidos, qué hacer en cada momento: dónde dejar las cazadoras, cómo comportarse, qué pedir para cenar, cómo usar los cubiertos, qué responder a los camareros… y las miradas del resto de comensales, eso sí les duele… se sienten inferiores.

Cambio de plano. Se intercala otra secuencia distinta. Y, cuando volvemos a los Chicos de las Esquinas, ya están saliendo del restaurante. Enfadados, irritables, con hambre, sin conversación… ni oír hablar de jazz. Ponme ya el puto rap.

Magistral. Sin darte cuentas has sufrido y empatizado con los chicos.

¿Cómo? Muy fácil. Esa sensación de desasosiego de no saber qué hacer y sentirse desubicado, todos, la hemos sentido alguna vez en la vida.

Y como duele.

PD. Más historias de desubicados. Los Love of Lesbian (lo sé, últimamente estoy obsesionado con ellos), cantando en una carniceria y un sex-shop.

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