Urgencias

Y allí hemos pasado parte de la madrugada y de la mañana, jugando a médicos y enfermeras en el Hospital. Y uno, que tiene al gremio médico en alta estima después de años y años de ver “Urgencias” ha tenido que sucumbir ante el sambenito de la lentitud galena.

Vivido en primera carne. Pasadas las dos primeras horas de sufrimiento, las cinco siguientes han sido dedicadas íntegramente a esperar los resultados de dos análisis y una placa. Todo un récord.

De hecho, uno de los enfermeros, mientras escuchaba la radio abriendo una vía, ante la mirada acusadora de mi madre por su velocidad de tortuga coja, nos ha lanzado un jocoso “Tranquila, señora, que las prisas son sólo para los mangantes y los malos toreros”.

Ah! El enfermo no era yo. El que casi se queda en calzoncillos en mitad del pasillo era mi padre.

Para la única vez que iba rápida la enfermera, ni se ha esperado al enfermo.

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