La paella

Mi padre está profundamente indignado conmigo y no seré yo el que se lo impida, pues razón no le falta. Es un dolor de esos de padre que uno no entiende (supongo) hasta que se convierte en progenitor y con los años se ve traicionado cruelmente por su hijo.

Vamos, como hice yo el domingo asestándole una puñalada trapera en lo más hondo de su ser: “Pare, renuncie. Ho he intentat, però no puc. Definitivament li he pillat mania a la paella”.

Tras esta declaración entenderé que les caiga gordo a ustedes también y dejen de saludarme por la calle o leer esta pseudocolumna diaria. Pero es así. No puedo con la paella y, menos aun, si es de esa de raciones para llevar (así intenté animarlo después, al ver mi mala acción en su semblante triste, asegurándole que la guisada por él aun le concedía una oportunity).

Creo que deberé ir al psiquiatra, porque no sabría explicar exactamente por qué o qué mala experiencia ha provocado este fatal suceso. No lo sé. Pero es ver el plato, empezar a comer y se me cierra el apetito. Y mira que “soc bon menjador” como dice mi madre, pero ni por esas, no hay tu tía, le he cogido manía a la paella.

Ahora toca propósito de enmienda. Conseguir con esfuerzo y tesón volverme a ganar el respeto paterno. Esperaba el sábado con la visita del Madriz unirme a su causa, cogernos hombro por hombro y maldecir la chulería de todos los jugadores merengues.

Maldición! Tampoco viene Cristiano Ronaldo!

Estoy gafado.

CANCIÓN PARA ESCUCHAR: Holyday (Green Day – Bullet in a Bible)

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  1. Arturo

    Dos motivos pueden ser los causantes de tu odio a la paella.
    Uno: Si la foto es real, que sea a gas. Las paellas, de pollo y conejo, con tavella, garrofó y a lo sumo algo de carxofa, pero al final de la cocción, que deja negro el arroz. Y siempre de leña, de naranjo si es posible.
    Dos: Que tu padre las haga todos los domingos, sí o sí, y que además se pase media hora contando sus excelencias mientras tú maldices la paella, no por sí misma , sino por lo que conlleva.
    Añadamos una tercera: Que la paella se coma a las cuatro y media, después de una picaeta en la plaza y otra opípara picaeta en casa, no ayuda mucho a comerla con gusto.

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