El tiempo y las casualidades

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El sábado por la noche (por fin!) pudimos ver «El misterioso cason de Benjamin Button». Qué maravilla de película! Qué buen rato! Así sí merece la pena ir al cine. Ya no se filman películas como estas, llenas de imaginación y sensibilidad, con historia, con los efectos especiales a disposición del guión y no al revés. Del principio al fin es redonda.

La escena del accidente y las casualidades es sencillamente una obra maestra en sí misma. Como David Fincher va uniendo detalles cotidianos, casualidades, para desembocar en la tragedia. Y si… y si… y si… La vida se va tejiendo a base de casualidades, como lo demuestra la escena, pero, en el fondo, no hay nada casual, como se ve al final de la película. Lo sé. Un rallote.

Mención aparte, la otra reflexión que atesora la película sobre el paso del tiempo y su importancia (relativa). No te das casi cuenta pero, por debajo de la vicisitudes de Benjamin, la bailarina y su historia de amor se esconde una lección sobre qué es importante en la vida y qué no. Nadie mejor que el viejuno a quién le cayó siete rayos encima para dar con la clave cuando menos te lo esperas.

En resumen: recomendabílisima.

PD. No sé si veré «Slumdog Millionare» antes de que la retiren del cine. Supongo que algo tendrá para derrotar a «Benjamin» en los Oscars, pero como bien dice este artículo, últimamente me mosquea la hipocresía de las películas sobre la pobreza políticamente correcta maquillada para la gran pantalla. Los pobreza vende, pero los pobres no. 

CANCIÓN PARA ESCUCHAR: Erasmus borrachas (Francisco Nixon – Este perro es mío)

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