Valencia, 9 de julio de 2006

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Me he picao, lo reconozco. No pensaba que ya a estas alturas lo tuviera en la cabeza, ni que fuera para tanto, pero desde ayer uno tiene una ilusión más en el horizonte. Y mooooola, la verdad.

Os explico. Ayer, caminito avenida pa’arriba destino Fundació, me topé con Rosa Tordera (amiga, ex-educadora, acompañante, medio-familia…) y, como es tradición, nos pusimos a charrar. A lo tonto, hablando hablando, salió el asuntillo de la visita del Papa a Valencia. Es normal, jugamos a una especie de pique entre nosotros con la Jornadas Mundiales de la Juventud. Hace años, ella me hacía la boca agua con sus peripecias en Polonia, París o Roma. Luego, yo tomé la iniciativa y le vacilaba con nuestras aventuras en Madrid o Köln.

La cuestión es que ambos (y 220 asuncionanos más: mi Santa, Salva-Laura, Xavi, Forner, Vanessa, María-Santi, Josema, Maribel, Inmamora…) nos hemos hecho peregrinos, pasando un poco de ser voluntarios. Así que, por primera vez compartiremos un acontecimiento de este tipo, aunque sea al laíco de casa. Més diners a la butxaca, como dice mi padre. Lo mejor de todo es que, chula como nadie, ha apuntado a media familia y dice llevarse a la crialla (Sara, María, Carlos, Celia, María y Pepe Llopes…) decidida a quedarse a dormir allí entre vigilia y misa.

La verdad es que yo ya lo había meditado (el Forner ya lo dejó caer). Por experiencia, es lo más lógico: te evitas dos aglomeraciones, ya estás colocaet y, sobre todo, vives mucho más el encuentro. No será lo mismo que en el extranjero, ni tanta gente durmiendo (acojona despertarte junto a un millón de personas) pero puede resultar muy divertido. Encima, para mi Santa, es una oportunidad de vivir una estrellada con sus «niñas» y resarcirse un poquico de no estar con ellas en el campamento.

Lo peor de todo es que uno es un sensiblero y, claro, desde la conversación dichosa, está dándole vueltas a la asunto, qué emoción, qué guay, etc. etc. Mis dos experiencias papales fueron muy intensas e inolvidables (una JMJ vale por un par de campamentos de niños, sino hablad con el Forner cuando en Marienfield me lo llevé a que percibiera «eso» de la Iglesia Universal), así que se me acelerá un poco el cor de pensar que en julio tenemos el tinglao a escasos kilómetros. Y, claro, recordando recordando, le salen a uno incluso montajes fotográficos como pueden apreciar.

Vale. Lo dejo ya. Lo sé. Para estas cosas soy un sentimentaloide.

PD. Mi amigo del CEU, Enric, desde hace un par de semanas tiene blog propio (www.uncafesol.blogspot.com) y ya ha descubierto que compartimos la afición por los ciberdiarios personales. Jejeje, conociendo lo rojo que es, dos anotaciones seguidas parroquianas le habrán dado picores. Menos mal, que los dos sabemos de qué pie cojeamos cada cual. Benvingut company!!!

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3 respuestas a “Valencia, 9 de julio de 2006”

  1. Lo de pasar mil es una manera de llamarlo. Digamos que entre que trabajo, que me gusta más el rollete peregrino y que espero estar acreditado de periodista, pues no soy voluntario…

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