Mamá, quiero ser famoso (y III) – Inventario

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Hasta mi edad laboral pocos famosos contemplé de cerca.

El recuerdo más claro que mantengo en mi mente me lleva a 1990 y a un viaje a Barcelona con my family. Nos cruzamos en un desayuno con la plantilla del Tenerife y de la mano (literal) del ex-jugador del Valencia, Revert, conseguí las firmas de la plantilla. Lo más digno que allí jugaba eran Agustín y Rommel Fernández (que, por cierto, comía solo).

Con el fin de mi carrera (donde poquico pude ver de cerca en el CEU, Fernando Delgado y poco más) y mi estancia en Aldaia Ràdio ha llegado la oportunidad de conocer celebridades. No es que sea un pueblo de gran glamour, pero algunos que otros han caído.

Del mundo de la política, he entrevistado a algun conseller, Joan Ignasi Pla (bajando unas escaleras y casi se piña por atenderme) y, especialmente, a Zapatero en su visita a Alaquàs. Me llevé dos golpes de karate de sus seguratas, pero, en una comparecencia sin preguntas, mi estratégica colocación en su salida posibilitó que le formulara una. Las dos siguientes fueron eclipsadas por dos rudas manos.

Del mundo de deporte, sólo a Sánchez y a Jaume «Don Palmito» Ortí y los dos son de Aldaia, así que mérito ninguno. De la farándula, me negué a entrevistar a Malena Gracia… eso sí, en el mismo acto, conversé con… con… con el español ese que se salvó del corredor de la muerte… no recuerdo su nombre…

Donde si he tenido más suerte es con el mundo de la cultura. A Serrat lo tuve a un metro pero su mánager me cazó tras prohibirme entrevistarlo, Álvaro de Luna (El Algarrobooooo!!!), Nancho Novo, Sergio Dalma (muy majo él, paró adrede su autobús para que acudiera a entrevistarlo), Mercedes Sampietro, Vol-Ras, Echanove, David Civera, Carles Alberola… vamos, todos los que actuan en al TAMA.

Grandiosa fue mi entrevista a José Sacristán. Grandiosa más que nada porque se me caía la baba. Qué voz. Qué mirada. Qué presencia. Le iba preguntando al tuntún, sin pensarlo casi. Sólo disfrutaba de verlo.

Y, claro, si citamos a famosos, como obviar a Champi. Mito de mitos de todos los niños torrentinos en los ’80 y blanco de las bromas comilitonas. Nos lo hemos cruzado infinidad de veces. Siempre le cantamos. Siempre nos burlamos. El colmo, este verano. Participó en la gran batalla de globos de agua contra Sumayl’s cuyo final significó transportarlo a hombros hasta la caserna con una paleta en la mano al grito de «Champi Campeón, Champi Campeón».

Bresó: Se merece una calle o, mejor, una curva.

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