El papel

Siempre hay un tocapelotas. Yo me lo repetía. No caigas en provocaciones. Sé inteligente. Déjalo. Llevaba tiempo lanzándome el mismo dardo. En cada entrevista. El líder de la oposición. Vosotros no tenéis la culpa, hacéis lo que os dicen. Apagué el micro. Dime quién me dice que haga qué. Los vuestros. Me reí. Sabrás tú quiénes son los míos. Si ya me han etiquetado en cuatro partidos diferentes. Yo te tengo calado. Tú no me conoces.
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Tras anunciar Pascual Maragall que tenía Alzheimer, Juanjo Millás le acompañó durante dos días para un reportaje. Involuntariamente el periodista creía ver la enfermedad en cada gesto, en cada palabra: “Qué peligro tiene la mirada del observador, incluso la del informado. Todos vemos lo que esperamos ver. Si te dicen que este señor está loco, sólo verás en él su locura; si que tiene cáncer, sólo su tumor; si que está ciego, sólo su ceguera”.
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Durante los días de covid en familia yo veía el virus en cada alteración de Pep. Qué cosas. Huyendo de él me lo acabé encontrando. Otros vieron mi contagio en las fallas, en una despedida. Había que buscarle una razón. Hay quien busca también su papel. Actúa pensando en cómo quiere que le vean. O como cree que le ven. Hay quien lleva años interpretando un personaje. Y se lo ha creído. Ellos verán. Cada cual sabrá si se reconoce ante el espejo.
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Pero, leche, que dejen de darnos la brasa a los demás.

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