Pequeñas victorias

Cuando el día a día corre tan veloz que casi no da tiempo ni a digerirlo antes de arrancar el siguiente, cuando se hace muy complicado realizar una pausa mental para evaluar si todo va por el buen camino, uno no tiene más remedio que conformarse con las pequeñas victorias: con aquella muestra de afecto que te confirma que se te sigue guardando firme lealtad, con aquel inadvertido mensaje de móvil felicitándote, con alguien que se espera en el pasillo para saludarte y hablar contigo treinta segundos, con aquel (involuntario) detalle que te confirma el trabajo bien hecho, con aquella alumna que te confiesa que en un trabajo de clase, ante la pregunta de “a quién admiras”, haya escrito tu nombre.

Todos necesitamos refuerzos positivos. Nos ayudan a volar más rápido y seguro.

A mi, al menos, esas pequeñas victorias me alimentan y me dan vida.

Ojalá yo también sepa regalar pequeñas victorias a los demás.

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