La parte C

Un, dos, tres, catorce. Tradicionalmente, los compositores han dividido sus canciones en estrofas y estribillo. Una parte A y una B. Todos las sabemos reconocer. Años después, alguien se inventó aquello del puente, esa pequeña estrofa con la que coger impulso antes del estribillo. Y también se creó el riff, el arpegio inicial, el solo de guitarra… pero faltaba la parte inesperada, la parte mágica, la parte C. Ese especie de momento intermedio que describe una parte armónica o rítmica de la canción. Vale. No sabes cómo definirla. Pero está ahí. Y es mágica.

La parte C. Os lo recomendarán en cualquier clase de composición musical. Un toque moderno a tu canción usar una pequeña variante de la melodía. La guinda del pastel. Y funciona. Vaya si funciona. Desde una exquisitez como el Distant Sun de Crowded House a la rima colegial del Sopa Fría de M Clan. Allí dentro encontrarán esa parte intermedia. Hay miles de ejemplos. Y miles de variantes. Como cuando Fito Páez decició meter una parte D tras la C en esa maravilla pop llamada Mariposa Tecknicolor, o la de usar la parte D como un in crescendo final en One de U2 o, jugando en casa, con La luna debajo del brazo de Quique González. Incluso, Extremoduro (el actual, el romántico) se atrevió a combinar tantas partes C en Dulce Introducción al Caos que uno sigue dudando si el siguiente corte es una parte más de la canción.

Pero mi favorito sigue siendo Segundo Asalto.

Habré escuchado miles de veces aquel “¿Crees que alguien nos encontrará?” y, aun así, me sigue poniendo los pelos de punta.

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