Burbujas

En su primer disco en solitario, Miqui Puig cantaba que “todo es revival, todo va y viene”. No se equivocaba. Las modas son circulares. Miren a la chiquillada, cada cierto tiempo, como en un ciclo sin fin, reviven juguetes de antaño como las peonzas, las canicas o, en los más pequeños, los cacharrillos de crear pompas de jabón. Mis sobrinos están en esta última fase. Y uno, que es distraído por naturaleza, se queda embobado viendo como suben esas burbujas translucidas hasta que, puf, desaparecen en un explosión invisible.

Por desgracia, la vida real también tiene sus burbujas. De hecho, en lo personal, los hay incluso quienes han fabricado toda su existencia alrededor de ellas. En lo económico, es peor, tenemos muchos y tristes ejemplos cercanos. La burbuja inmobiliaria, la burbuja de las punto com, la burbuja del fútbol, la burbuja financiera… negocios moderados hinchados artificialmente hasta que, puf, desaparecieron y todo se desmoronó. Noelle-Neumann lo llamaba la espiral del silencio, el miedo al aislamiento, a no seguir a la mayoría, así que mientras subían las burbujas, todos, como borreguitos fueron (o fuimos, si fue con nuestros ahorros) detrás del negocio de moda. En la mayoría de las burbujas, cualquier economista con dos dedos en la frente, lo veía venir, pero esa codiciosa venda en los ojos lo cubría. Y catacrack. Y así nos va.

Y no escarmentamos. Sigue ocurriendo. Facebook, por ejemplo. No negaré que las redes sociales y el posicionamiento web es un nuevo campo a explotar por los medios, la publicidad y el marketing. Es un negocio en sí. Y también una ventana para otros negocios. Pero no es la panacea. No es una maquina de fabricar billetes. No va a arreglar por arte de magia vuestras empresas. Así que no es razonable que hinchemos esta burbuja más de su volumen real. Por mucho que lo pronunciemos en inglés, el community manegement, en la mayoría de los casos sólo supone un actualizador de redes sociales. Redes sociales que no valen para nada si no son gestionadas ni diseñadas estratégicamente. Son un escaparate. Pero, como cuando paseamos por la calle, hay escaparates feos y bonitos. Y hay precios y precios.

Pero hay un pero peor aun (toma cacofonía). Facebook en sí mismo también esta hinchado. En las últimas semanas, con su fallida salida en bolsa, muchos medios ya lo han destacado: Facebook está excesivamente valorado, no genera empleo y sólo vende objetos virtuales. Lo contaban ayer en el XL Semanal, la empresa de Zuckerberg ingresó en 2011 unos 2900 millones de euros, pero la opinión mayoritaria en Wall Street es que debería ganar mucho más. ¿Novecientos millones de usuarios y solo gana tres euros por cabeza? En resumen: no ha encontrado una fórmula para convertir a sus millones de usuarios en clientes.

El tiempo dirá si estamos hablando de burbuja o no. Es innegable que las redes sociales están cada vez más presentes en nuestras vidas, es un nuevo espacio donde muchos transitamos y, por lo tanto, una nueva zona donde consolidar las marcas comerciales. Pero no es bueno que le otorguemos un prestigio y un valor económico que aun no se ha ganado.

Dejemos crecer al animalillo y no lo cebemos antes de tiempo.

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