La noche eterna. Los días no vividos.

Es muy difícil estar a la altura cuando se espera mucho de ti. Complicada empresa. Hagas lo que hagas, siempre habrá quien quede decepcionado. La comparación. La maldita comparación. Por exceso. Por defecto.

Esa sensación, ese sudor frío, lo admitan o no, recorrió la espina dorsal de los Love of Lesbian el día, la hora, el momento, en que cayeron en la cuenta que la bola de nieve de “1999” era tan grande que ya no se podía controlar. ¿Y ahora qué? El maldito y ahora qué. Vaya usted a saber si su exitoso anterior disco era la cima (creativa y comercial) o el camino hacia la cumbre. Nadie lo sabe. Posiblemente, sea uno de los discos de la década pasada, pero el tiempo dictará sentencia.

Por eso es tan especial “La noche eterna. Los días no vividos” porque saben que cada nota será comparada con su predecesor, porque fue compuesto muy rápido (como un parto de pocos meses) para evitar cualquier infección, porque se han atrevido a doblar su apuesta, porque es nocturno, onírico y tan bello como sus tres hermanos, porque les sigue dando igual ser indie o comercial, porque, después de las primeras escuchas uno sabe que “Wio”, “Nadie por las calles”, “Cínicamente muertos”, “Oniria e Insomnia” o “El hambre invisible” son grandes canciones.

Por eso mismo, porque todo este show va de canciones.

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