El monstruo de la última pantalla

Es una de las peores evidencias del ser humano. Te pasas una infancia de colorines y una adolescencia con los ojos vendados y, de repente, un día… zas! No sólo descubres que te has hecho mayor, sino que, en la vida real, las cosas van muy en serio y las hostias caen como panes.

Entonces miras con añoranza al pasado, pensando qué feliz eras. Pero también qué iluso. Y no sabes que es peor: no ser consciente de la realidad o serlo, aunque a base de tropezones.

Y aquí llega lo peor del drama del ser adulto. La mayoría no estamos acostumbrados a sufrir. Cuando vienen malas, nos bloqueamos, esperamos que la solución nos la lleven a casa. Y no es así. Ojalá. Pero la vida real da pocas concesiones gratuítas.

Pero, no se engañen, este no es un texto escrito desde la frustración, sino todo lo contrario, un canto a la esperanza. Asumiendo la realidad descubres que con esfuerzo y ánimo alto al final las cosas siempre salen. Que para ganar hay que sufrir.

Que para llegar al monstruo de la última pantalla hay que derrotar antes a los anteriores.

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