Así es la guerra

Al sonido del silbato, el soldado inspiró, se santiguó y arrancó a correr. Así es la guerra, se dijo y gritó con toda su alma, a sabiendas que sólo él se escuchaba,  maldiciendo su suerte en voz alta. Zancadas fuertes, la mirada al frente, al enemigo, esperando el milagro, esa caprichosa fortuna de no ser alcanzado por una bala perdida. Mientras, disparaba, caía, se levantaba, esquivaba, se cubría, atacaba. La tarea del peón de primera linea. Su tarea en esta historia. Sorpresivamente, al tanto que ejercía de matarife, su mente se le iba abriendo, asumiendo la realidad. Qué inoperancia, reflexionaba. Si en mi bando ni se aclaran entre ellos, cada general enzarzado en sus propias metas, en sus ideas, sin escuchar al otro, sin buscar el bien común. Sólo decisiones cruzadas. Y yo aquí, en medio de este berenjenal. En un suicidio colectivo a todas luces. Luchando por ellos sin comerlo ni beberlo. Ya, en el cuerpo a cuerpo, consiguiendo esquivar la bayoneta de un peón contrario, se preguntaba si no estaría más cerca de aquel que acababa de matar que de sus superiores. Los dos somos carne de guerra. Piezas de un juego más grande. Porque, en el fondo, cada bando busca lo mismo, sólo que está en el lado contrario del tablero. Pero, como en un espejo, lados simétricos. Persiguiendo lo mismo, pero enfrentados.

Así es la guerra, se dijo de nuevo.

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