La constante es Desmond

«¿¿¿Por qué, por qué, por qué???» Este desgarrador grito se oyó ayer en boca de Antonio Lobato durante la retransmisión de la Fórmula 1 cuando a Alonso le dio por cambiar las ruedas en pleno diluvio belga con el podio a mano. La vida está llena de desengaños, asumámoslo. Horas más tarde, en una humilde vivienda torrentina se volvería a escuchar semejante alarido a dos voces cuando mi Santa y yo contemplábamos petrificados el final de la 4 temporada de «Perdidos».

Sí, amigos y seguidores, ya lo saben, ambos estamos muy enganchados a la mejor serie dramática de la historia (remarco lo de «dramática» porque en humor ya sabemos que Friends es insuperable) y, claro, saber que tenemos que pasar varios meses de abstinencia hasta que vuelva la nueva temporada a la Fox nos desquicia. No tanto como que los malditos guionistas de Lost sigan lanzándonos preguntas mientras nos dan (por fin!!!) respuestas. Pero a esto, ya nos hemos acostumbrado a la fuerza. A giros y sorpresas constantes, a descubrir escotillas, raptar personajes o ver el futuro en los capítulos finales de cada temporada. Es la magia de la serie aunque nos putee un rato largo.

Y sí, lo sé, soy muy pesado con esta serie (y con tantas). Soy, como diría Hernan Casciari en su blog sobre los 9 tipos de espectadores de la serie, un jesuíta, ese tipo que se pasa la vida recomendándola a los que no la han visto. Pero es que, pese a sus contradicciones, es insuperable. Sólo por el capítulo de la constante de Desmond (Even Flooooow) y la paradoja espacio-tiempo (que ni Marty McFly) merece la pena enchufar la tele nuestra de cada día repleta de aburridos programas nocturnos. Sólo «Ola, ola» y Berto nos ha salvado el verano.

Así que véanla.

Punto y final de la discusión.

CANCIÓN PARA ESCUCHAR: Sol (Loquillo – Balmoral)

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