En uno de esos fines de semana locos locos subido a una montaña rusa (en donde sabes cómo empiezas pero no cómo acabas), de nuevo, volvió a vencer la democracia. Victoria por la respuesta ciudadana al sinsentido terrorista, victoria por el diálogo y la danza libre de prejuicios en el Rebollar, victoria por la apuesta nacional al cashondeo eurovisivo, victoria porque ante las urnas cada uno votó a quién quiso (aunque me da que para todos, incluído yo, el sabor es agridulce) y, al día siguiente, la vida sigue y no se acaba el mundo.
Todo un sinfín de victorias de la democracia que me dejaron ayer muerto en la cama, como diría aquel, al filo de la medianoche tras 48 horas sin parar.
Lo peor de todo es que hoy me encuentro sin ninguna obligación que atender.
¿Me sentiré vacío?
CANCIÓN PARA ESCUCHAR: Este último encuentro (Deluxe – Reconstrucción)

