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Y mira que lo intentamos. Pero no. No hubo suerte. Llegamos a la final junto a Michael Jackson y los dichosos gemelos. Pero nones. Nuestra genial adaptación del mito del bar «La ostra azul» de Loca Academía de Policia no nos valió el jamón. Maldita sea. La verdad es que estaba currao su traje. El año que viene seguro que arrasamos. Si nos hubieramos disfrazado de Joaquín Moreno (bata, calva, jamón y queso de plástico) o de animadoras, fijo que triunfamos. Pero al final lo descartamos al descubrir esos peasos de gorros de cuero. Xavi me hipnotizó. A mi Santa no le triunfaba. Debo fiarme más de su criterio. Al bueno de Benengeli si le triunfó. O al ex-comilitó Sergio («la ostra azul, la ostra azul!!!»). A los que se llevaron porrazos, creo que no. Es lo que tiene el sado. Hubo disfrazes interesantes. La gallina de Avecrem. El bozal de Hannibal Lecter. Los dobles de Calata (buenísimo!!) Yo me quedo con los currelas en camisa interior. Mierda, aun pienso en sado… debo quemar el gorro.
El resto de la fiesta no estuvo mal. Echamos de menos San Marcos (más espacio, menos humos, más salvajadas). La música no acababa de oirse. Pero bailamos cuanto pudimos («algunas noches soy fácil, uooouooo, no acato límites»). Alguien tiró una bomba fétida. Cabrones. Queriais jodernos la fiesta. Pos no. Os jodéis. Sacamos pasta. Somos unas putas máquina de montar fiestas. Y mira que el Vintage se subió a la parra. Ahora si que puede traspasar Dani tranquilamente el garito. Y mira que la avisamos. No es una fiesta normal. Se petará. Pimbaaa. Se queda sin vasos, sin agua, sin tónica… El que avisa no es traidor. Las camareras muchas tetas pero poca sonrisa. Yo me piré a las 03:30. Debía llevar a mi Santa y Miriam a casa. Era sólo un entreno. El 11 despedida de Salva. Por él, hago una excepción en lo de no ir a ninguna.
Por cierto, ¿todo esto lo estoy pensando o lo estoy escribiendo en voz alta?
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