Noche de fútbol

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Más bien, diferente noche de fútbol.

Hace tiempo que tengo asumido que Mestalla en partidos aburridos se convierte en un macrocentro de tertulia, especialmente, si en el asiento de al lado tienes amiguetes, pero también con desconocidos o esos personajillos de toda la vida del campo (es lo que tiene ser 20 años socio).

Ayer, mi Santa y yo recibimos tres entradas para ver el Comunidad Valencina-Colombia. Fue de imprevisto y gracias a la generosidad de Radio 9 y el catacrack aldaiero Fran Guaita, claro, vía su suegro, el ferreter. La noche prometía aburrida, con frío, en la parte alta, con la afición dividida («¿Vas con Colombia? me preguntó un niño»), realmente, acudir al partido era la excusa para salir un rato y cenar luego con la family Marín. Sólo con decir que llegamos tarde y nos fuimos antes. No vimos ni un gol.

Pero es lo que tiene Mestalla. Uy que rollo, menudo tostón nos espera, te pones a charrar, el tiempo se para, pasas mil de los jugadores, hablas del pasado, presente y futuro (especialmente, jejeje), nos reímos un rato, nos dimos un beso largo (nunca lo había hecho en un campo de fútbol, jajaja, menudo morbosillo) y se acaba convirtiendo en una de las veladas más especiales vividas en Mestalla.

¿Qué tan importante es lo que hablamos? Aquí no lo voy a contar, aun no me desnudo tanto en la red (y menos sin permiso de mi Santa), pero tampoco os creáis que fue para tanto.

Pero, es lo de menos. Hay veces que las cosas simples son infinítamente mejores que los grandes acontecimientos.

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