Re-enumerando

Esta es una nota para los lectores: He jugado con el espacio-tiempo. Me he saltado leyes elementales de la física para añadir posts con fecha pasada como si siempre hubieran estado allí pero que hasta ahora no existían. ¿El motivo? La deuda pendiente de subir ciertos proyectos y pequeños textos subidos a Instagram entre 2017 y 2019. Es sólo por que quede constancia. Nada que duela. Poco más que una remuneración.

No me lo tengan en cuenta.

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15 de octubre

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A saber a qué jugaban. Llevo toda la vida rodeado de ellos, incluso cuando recorría las calles con un micro en la mano, y es imposible adentrarse en sus mentes cuando entran en modo juego. Su imaginación es poderosa e inescrutable.
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Años después, casi sin pretenderlo pero obligado por las fuerzas del mal, cambié los niños por los adolescentes. Otra mente fascinante. Como una montaña rusa. Me costó cogerles el truco. Te vuelven loco. Los amas y los odias. Como ellos a ti.
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Y, ya ves, ahora no los cambiaría por nada en el mundo.

6 de octubre

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Mi primer contacto fue rodeado de líquido amniótico. Con unos ahorrillos, mis padres se habían concedido unos días de relax y amigos en El Saler. No me debió fascinar mucho, porque, ya en el mundo exterior, estuve evitando la playa durante años. Jurando incluso que nunca caería en ella.
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Esta semana volví a escuchar aquello de “Dios proveerá” rematado por un “pero nunca sabemos cómo”. Es cierto. Los movimientos más grandes de mi vida no los vi venir. Y los que deseé tampoco llegaron. Nunca debí jurar nada: llevo años veraneando en la playa. Y sin rechistar.
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La cosa es que hoy me he sorprendido reprochándole a mí Santa porque no habíamos bajado a bañarnos a la playa. Ver para creer.

28 de septiembre

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Dice el topicazo que de una boda siempre sale otra. Nosotros, unos motivados de toda la vida, dimos tres ramos a la vez, de una tacada, para lanzar así un boomerang de bodas felices hacia el futuro.
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Mañana cerramos el círculo. Tres de tres. Lo que nunca previmos es que uno de los boomerang regresaría medio francés. Para que vean, la globalización también trae cosas buenas.

Déjà vu

Igual que juny o juliol em semblen mesos oberts, plens de possibilitats, on tot pot passar, amb un estiu per davant, emmarcats amb una llum i alegria especial; setembre sempre m’ha paregut que ja l’he vist abans, pareix creat per repetició, ple d’expectatives conegudes que saps que no es compliran, actuant tots com si la rutina no ens acabara atrapant, adormint, igual que el sol, vesprada a vesprada, va minvant, desapareixent abans.

I no creguen, no sóc dels que la tardor o la falta de llum els deprimeix. Estic bé. Cap metge m’ha diagnosticat estrès postvacacional. De fet, em senta molt millor la marxa ordinària que la quietud estival. Però un no deixa de percebre que, darrere dels retrobaments, de les promeses de fer mes exercici, apuntar-se al gimnàs i de menjar més sa, del recomençar aquella col·lecció, dels primers partits de Lliga o dels plans de futur, s’amaga un tornar al de sempre. Esto yo ya lo he vivido. I allò, segons qui ho mire, pot ser tediós o relaxant.

Però, clar, ací ens paguen (bé, és una manera de parlar) per escriure sobre Torrent i no per avorrir amb sensacions personals ni per pintar un llenç agredolç sobre setembre. No estem a Lost in translation. Però, escolten, és que mire al meu voltant i, vaja, sent el mateix déjà vú. Açò ja ho he viscut, torrentins: l’alcalde i la seua personal forma de governar, l’oposició repetint anteriors mètodes com si no recordara que no varen funcionar, les obres de Camí Reial, la nul·la programació de la ràdio local, la poca llum al carrer, les caques dels gossos, aquell veí que sempre xilla, el Mercat semibuit, que si el valencià i el castellà… tot em sona.

Menys mal que la política nacional és una altra cosa.

O, espereu, ara que pense…

NOTA: Artículo aparecido en el número 345 de La Opinión de Torrent