El podcast

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“Tenim que fer un podcast sobre Torrent. Estaria guapíssim”. Una mañana de verano recibí este mensaje. Como siempre, le seguí la corriente a @santi.miquel. Grave error. Al poco, construyendo la casa por el tejado, ya tenía sintonía y “Hotel Lido” como título. También convenció para la causa a @sergiolleig y juntos fabulamos unos contenidos disparatados. Tranquilo, en septiembre lo retomamos. Todo quedó pospuesto por razones laborales y de futura crianza. Lo sabíamos ese día de playa. Le engañamos a conciencia.
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“He connectat l’equip de gravació. Se m’ha ocurrit una cosa molt guapa”. Cuarto día de confinamiento. Otro mensaje, otro podcast. Esta vez por higiene mental personal dije sí. Además, la idea de conectar el cole con sus familias me pareció maravillosa. Ayer salió en el aire el primer “El Pont del Claret”. Pese a los pocos medios y mucha improvisación, parece que ha gustado. Y mira que estoy desengrasado. Y acelerado.
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Mi momento más ridículo en la radio fue subido a un remolque. Siempre fui experto en conectar en lugares inverosímiles. En una cabalgata, me aupé en marcha a la parte exterior de uno e iba entrevistando en directo con el móvil. Era verano. Una señora, pidiéndome balones de plástico que repartían en el remolque, me estiró los pantalones hasta bajármelos. Con dos brazos en mi haber, debía elegir: subírmelos soltando el móvil o cayendo del tractor o seguir con la entrevista enseñando mi ropa interior al mundo exterior. Elegí ser profesional.
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Ahora y siempre, the show must go on.

Las rutinas

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Con lo de las rutinas yo soy un señoro mayor. Si me las tocan o me las mueven de sitio me hacen polvo. Me desubico. Como cuando cambio de supermercado que no encuentro las cosas. Como cuando busco el baño en el Corte Inglés. O cuando en la playa, sin gafas, salgo del mar. Hago como que controlo pero ando perdidísimo.
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Con la cuarentena estoy intentando no perder la rutina. Me levanto a la misma hora, me aseo igual de lento, me pongo ropa de calle, desayuno y le digo adiós a mi Santa. ¡Me voy a Xàtiva! Y me meto en el despacho de la White House. Ella, siguiéndome el rollo como a los locos, me ha dibujado el logo del cole y lo ha pegado en la puerta. Por si me pierdo.
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Curiosamente una de las rutinas que he recuperado es la de comprar el periódico (y el pan) todos los días. No lo hacía desde la universidad. En tiempos difíciles, fuentes fiables. Y pagando por ello, oigan. Que el trabajo creativo también tiene un precio. Es el único momento que rompo el confinamiento. Con mucha precaución. Todo a metro y medio y con guantes. No me sufran. Cantando el cumpleaños feliz con agua y jabón al volver a casa.
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A la hora del patio, paso a la cocina a comerme la manzana. An apple a day keeps the doctor away. A esas horas ya estoy muy metido en mi papel. Allí coincido con una chica. Con nadie más. Su cara me es familiar pero, aún con gafas, no la ubico. También me la encuentro a la hora de comer. Y en el pilates de por la tarde en el salón. Y, vaya, que me está empezando a gustar.
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Que igual le pido de salir.

Contagiar cosas buenas

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Os voy a fundir el WhatsApp. El Skype. Todo. Os lo aviso ya. Yo voy a quedarme en casa. Aplaudiré desde el balcón. Tocaré un instrumento. Teletrabajaré. Sí. Y todo irá bien. Lo sé. Pero yo sólo funciono bien con los míos cerca. Si no, me siento un poco extraño. Como amputado por algún lado. Como en agosto.
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¿Eres feliz? Se lo preguntaba no hace mucho a una persona muy querida. Coincidíamos en que para conseguirlo, sobre todo, necesitábamos que los nuestros estuvieran bien. Y, claro, un buen repertorio de series. El ser humano es un ser social. Desde la prehistoria. Desde aquellos primeros clanes hasta los bares. Siempre en compañía. You’ll never walk alone.
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Por eso llevo dos días hablando en todos los grupos. Buscando quedadas virtuales. Enviando fotos. Preguntándoos. No os engañaré, me sosiega y me abstrae de lo de fuera. Lo hace cotidiano. De ir en batín. Es curioso lo que está provocando la separación: más cercanía, más contacto.
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Del que sólo contagia cosas buenas.

El saragüell

No pot ser. Tant d’anar pel món de hater faller, crec que m’he acabat creant un personatge que no és completament real. No renegue que em parega una festa massa sobreactuada, massa plena de comissions, ninots insuls i carrers tallats. Però, les seues coses bones també tenen, ho reconec. De fet, com als fallers li agrada la marxa, quina paradoxa, no hi ha any que no em demanen un article per al llibret, una rima per al monument o, el que és pitjor, ser jurat. Encara recorde quan se’m va vore puntuant pels carrers de Torrent amb, l’ara vilipendiat, Pere Fuset. Els meus amics no s’ho creien.

Però jo busque la reconciliació. La pipa de la pau. M’he comprat una llibreta on apuntar les coses que m’agraden de les falles: els bons monuments, les rimes àcides, el teatre graciós… Saben també que em fascina? Les vestimentes tradicionals. De fet, en circumstàncies molts excepcionals, ho confese, inclús m’agradaria anar desfilant de saragüell cap a la Mare de Déu. Del millor que li ha passat al món faller ha sigut apostar pel sabor tradicional. Sense coentors masculines ni bandes femenines, clar. Ja lo dels polars multicolors ho parlem altre dia. No trenquem el bon rotllo.

I posats a vore’m desfilant al so d’un pasdoble, que siga en família. Em paregué molt bonic i emocionant quan, en l’Ofrena de 2017, la falla La Plaça, aprofitant el seu 75 aniversari, va trencar allò de la secció masculina i femenina. L’orgull i emoció d’enfilar el carrer de l’església en famílies es transmetia al públic. Els pareixerà mentida, però ho vaig vore amb els meus propis ulls. Fins i tot un poc d’enveja em va donar!

Però, tampoc que ningú em prepare cap carnet faller.

Jo sempre els bous des de la barrera.

NOTA: Artículo aparecido en el número 351 de La Opinión de Torrent

Virus y bacterias

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Me da más miedo la irracionalidad que un virus. Porque la masa cuando se aborrega puede ser peligrosa. Si alguien grita y corre todos lo seguirán, aunque no sepan por qué, dónde está el peligro. Por eso hay quien ha preferido agotar las mascarillas aunque quien realmente las necesita no pueda adquirirlas. Paralizar la economía a algunos también les ha parecido un buen plan. Los virus tienen vacuna, la irresponsabilidad no.
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Hay que ser precavidos, pero bien informados. Es muy triste ver como un alumno chino tuyo (nacido en Palencia, tan español como tú y yo) pide perdón por toser. Los virus no discriminan pero los humanos sí. Díganmelo a mi: 182 pastillas me he tomado entre antibióticos, probióticos y protectores en los últimos 14 días. Ay, si el mundo se entera que esa bacteria la tenemos en el estómago el 50% de la población. Y que elige ella con quién se activa.
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Les da algo.