La ventana

La luz de sol no alcanzaba allí abajo. Emitíamos desde un sótano. En algún boletín anunciamos cielo soleado mientras una nube traicionera descargaba lluvia. Su arquitectura era peculiar. Había sido sala de exposiciones. Compartíamos baño con el bar de arriba. Los jubilados se despistaban y aparecían por los estudios. Nos calló el techo. Nos dejaron sin salida de emergencia. No tenía ventanas. Pero nos encantaba estar allí. Vivir allí.
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Ayer retomaron las emisiones de manera oficial. Nueve años después. Qué alegría. Tienen un gran equipo y muchas ganas. Esta mañana, escuchando la bienvenida institucional, casi tengo un accidente. Qué risa. Qué desfachatez. Que estamos de enhorabuena ha dicho. Que a dar cabida a todos. Ella que cerró la radio. Que nos hizo dar en directo y presentes el pleno que nos echaba a la calle. Asistimos de invitados a nuestro propio funeral.
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Años después coincidimos en una boda. Me esquivó. Pero yo la saludé. Le dije que casi me hizo un favor. No creo que me entendiera. Pero he ido a mejor. Ahora tengo una ventana en el despacho del cole. Es pequeña. Sólo se ve cielo. Sigo sin enterarme cuando llueve. Pero entra luz. Y no descarto buscarme una más grande.
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Ojalá nunca más vuelvan a cerrar ventanas.
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Feliz día mundial de la radio.

Chape y cierre

Les males notícies mai avisen, no saps quan arriben, no et preparen per al colp. De sobte, et vibra el mòbil, escoltes un àudio i et cau el món damunt: “Hey, una noticia, un poco de bajón: no sé si lo sabíais, pero Abelardo se jubila, pero ya, a principios de enero y, con él, se acaba la pollería. Chape y cierre final, en plan Producto Nacional”. Què??? No podia ser. Per vergonya, no vaig plorar en mig del carrer. Quién me ha puesto la pierna encima para que no levante cabeza. També açò enguany?

Perquè la tristor no venia només perquè desapareguen els millors pollastres (a l’ast, pel pinxo que pega voltes per a rostir-lo) de Torrent o per perdre el ritual de molts diumenges, sinó perquè cada vegada que tanca un negoci històric, es com si desapareguera també una part de la història sentimental del poble. No tot són grans esdeveniments en les nostres vides. Els quefers quotidians, les costums, el dia a dia al carrer, el comerços, també formen part de com som.

El Marisquero, la Popular, el Almendro, Botafocs, Hermanos Tomás, San Miguel, el Dandy… cadascú tindrà els seus, però tots encara es mantenen en la memòria i són, de vegades, punt de referència geogràfica, com quan “quedem en Paulino Sancho” o a “l’altura de la Papereria de Carmen de l’Ermita”. Passaran els anys i molts de nosaltres continuarem referint-nos a ells com si encara estigueren oberts.

El comerç tradicional està en perill d’extinció. Hem de protegir-lo i donar-li l’homenatge públic que es mereix. Que tinguem per molts anys més al Llustre, al Chesus, la Foieta, Ca’ la Canya, Ricardet, Adrimar, la Clip o el forn de Santa Ana.

Que, com li ha passat a Abelardo, algun dia, entre llàgrimes, la clientela et done les gràcies per tants anys.

Quin orgull deu ser.

NOTA: Artículo aparecido en el número 370 de La Opinión de Torrent.

Aunque se empañen las gafas

Suena el timbre. Debería estar cagado. Pero no, no lo estoy. Me asomo. Rugen las fieras. Público real, ahí sentado, diez meses después. Apuesto por dar show. Me presento como profesor nuevo. Hoy es septiembre. Os reís. Se me empañan las gafas. Volvéis a reír. Sóc el tercer d’enguany i, damunt, el pitjor. Però, si no vos agrada, a queixar-se al cap d’estudis. Ja sabeu on tinc el despatx. Todo fluye. Igual que antes. Respiro.
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Llueve fuera. Ola de frío. El virus arrecia. Menudo momento para regresar. Me encuentro a un alumno en batín por el pasillo. Le explico las virtudes del doble calcetín. Me cruzo con Gloria. No me reconoce. Ambos llevamos empañadas las gafas. Proyecto en clase la chimenea de Netflix. No calienta, pero algo es algo. Hoy me han regalado un felpudo. Salimos los tres. Qué bien me siento aquí.
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Por las noches leo la autobiografía de Obama. Le copio una dinámica. Cómo es el mundo y cómo quisieras que fuera. Poc empàtic, egoista, hipòcrita, deplorable, injust, desequilibrat, un asco. Los alumnos son rotundos. Cambio la pregunta. Cómo es tu mundo y cómo quisieras que fuera. Se sienten privilegiados. Tenemos cosas que vemos tan obvias pero que muchos desearían tener. Agua, comida, luz. Otro escribe: si el meu món fora perfecte no tindria cap sentit.
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A mí, estar aquí, me parece bastante perfecto.
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Aunque se me empañen las gafas.

Conte de Nadal

Obri-los a poc a poc, sense presa, que no te caiga cap figura, que si se’ns trenca una l’hem fotut. El iaio és meticulós, parsimoniós, inclús lent. Quina necessitat tinc de muntar-ho amb corregudes? El nét no ha heretat la seua paciència, però sí la passió pel betlem i l’arbre. Sempre el dia de la Puríssima, després de la processó. Són totes peces artesanals, clàssiques, de mercadet. L’arbre és sobri, sense decoracions ni llums estridents. Passen la vesprada junts, iaio i nét, peça a peça, bola a bola, construint el Nadal.

Enguany el xiquet es nega. Si no està ell, no. Els adults, tristos, intenten que no perda la il·lusió en un any tan complicat. Què cabut eres! Si ho muntem tots junts en un momentet! Fes-ho per ell! El major s’amaga. Que no el vegen plorar. Fou un accident. Ell que anava a pensar. Ni sabia que estava contagiat. Asintomàtic, maleïda paraula. Haguera desitjat tindre febre, tos seca, perdre el gust. Qualsevol senyal del que li corria per dins. Així no s’haguera acostat al seu iaio. Ningú s’ho retrau. Però ell sap que no tenia que haver eixit tant. Ja duu una setmana a l’UCI. Pronòstic reservat.

Sona un mòbil mentre preparen el sopar. De qui és? Agafeu-lo! El menut és el més ràpid. Número desconegut. Vídeocridada. Ell despenja sense preguntar. Apareix una infermera a la pantalla. Hola, tu deus ser Xavier. El teu iaio m’ha parlat precisament de tu. Vols saludar-lo? L’acabem de pujar a planta. Apareix cansat, més prim, però amb el seu somriure habitual. Com que no has muntat res encara? Corre, que hui és la nit de Nadal! Ves enfocant les peces i jo, des d’ací, te vaig guiant. Crida al teu germà i que t’ajude amb l’arbre. Encara estem a temps!

No era com esperaven, ni com volien, però era Nadal.

NOTA: Cuento aparecido en el número 359 de La Opinión de Torrent.

Déjà vu cabrón

Aparece sin más. No avisa. Te coge del pecho, te arrastra y te regresa allí. Déjà vu cabrón, así lo he bautizado. El cerebro. Qué facilidad tiene para transportarte emocionalmente al pasado. Para recrearte recuerdos. Como ecos. Se sirve de cualquier puerta de entrada: una imagen, un gesto, una canción. De revivir se trata. No sé si les ha ocurrido. A mí, últimamente, bastante.

Quienes hayan leído o visto “Patria” encontrarán allí un déjà vu cabrón. Nerea, la hija del Txato, en su despechada visita a Fráncfort, se topa con un accidente y su cadáver. Esa imagen física de la muerte por fin la enfrenta al asesinato de su padre. Aita, aita. Me faltó a mi también gritarlo tras un dolor nocturno del Principito. Me removió entero, ama.

Igual es locura transitoria. Pero ha llegado a ser físico. Sujetarme fuerte la muñeca si me cuentan que alguien se ha roto un hueso. Suena imposible, pero al escucharlo percibo un flash de dolor. Yo me la rompí en pedazos. Como un gilipollas. Caí de una escalera. Subido a un árbol. Vestido de troglodita. Revivo hasta la misma vergüenza.

Recién aterrizado a Xàtiva, como gesto simpático, traje bollos de chocolate a la sala. Del tradicional de Torrent, como los fabricaba mi abuelo o mi tío. Duraron nada. Me fijé en que un compañero, el más bohemio, el más raro, sostenía uno pero sólo lo olía. Finalmente, lo envolvió de nuevo en su papel y se lo guardó. Le pregunté por qué. “Huele a mi infancia”, respondió.

Lo que daría yo ahora por visitar mi niñez.