Succedanis

Durant el confinament, per higiene mental, tots vàrem intentar, des de casa, replicar la vida real, aparentant que tot continuava igual: férem esport per la terrassa, música als balcons, cerveses des del mòbil, menjarem bons menús sense xafar restaurants, ballarem coreografies sense públic… Les festes populars tampoc es varen escapar i, amb millor o pitjor fortuna, s’organitzaren mascletaes, al·leluies, enramaes, versaes a la Mare de Déu… tot des de casa.

Ara que mirem la vida amb un prisma més esperançador, que hem agafat una miqueta de distància al confinament més dur, ja ho podem dir en veu alta: tot foren succedanis. Eixa vida no s’assemblava massa a la realitat. Era prou més insípida. Sí, un intent amistós, lògic i lloable de fer-nos més agradables els dies complicats. Simbòlicament també es manteniren tradicions i hàbits. Però la vida és social o no ho és. Miren, sinó, el futbol a porta tancada: sense espectadors a la grada no té gràcia, li falta emoció. I sense emoció no som res.

Obrim les portes a l’estiu. Hi ha qui pregunta per les festes patronals i, suspesos els moros i cristians oficials, quin succedani van a inventar-se. Com deia ma mare, les coses o se fan ben fetes o millor no fer-les. Millor centrar totes les forces (i pressupostos) en dotar d’una oferta d’oci segura i variada per als veïns que en estiu, sense segones residències o capacitat per a viatjar, es quedaran a Torrent, que dedicar-se a organitzar allò que es sembla a però no ho és. Temps hi haurà de tornar a la vertadera normalitat. Qualsevol festa després de la Convid segur que serà molt emocionant, més intensa, inoblidable.

Però, eixe moment encara no ha arribat.

NOTA: Artículo aparecido en el número 353 de La Opinión de Torrent

Vida

Hoy hemos emitido el último episodio del podcast del cole. Como giro final nos hemos autoparodiado pasando de presentadores a entrevistados. También hemos dado una terrible noticia: amenazamos con volver en septiembre. Con alumnos. Cara a cara.
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Hemos parido ocho programas en cuatro meses. Sin periodicidad ni duración fija. Sin repetir planteamientos ni músicas. Hemos hecho lo que nos ha dado la gana. Cerramos la primera temporada en el mejor momento. Con el tono ya cogido. Tontos pero simpáticos.
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Al empezar no tenía claro lo del podcast, pero ha servido para conectarnos. A mí para desconectar de la tormenta. Somos flexibles. Hemos hablado de impresión en 3D, de perros voladores, de los 80, de teachers, del Camino de Santiago, de contrabando de naranjas, de detergente para camisas negras… El árbol de Navidad es atrezzo.
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Santi, en el cuestionario de este episodio, ha respondido que el colegio para él es vida. En el fondo, de eso ha tratado el podcast: del colegio, sus personas y sus vidas.
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De nuestras vidas.

Raro

Creo que sufro esquizofrenia emocional. Ando apático. Luego, eufórico. Al rato vuelvo al desganao. Ya me lo decían, por un lado u otro te acabará saliendo. Yo me dejo llevar. Ya se irá todo recolocando solo. A lo Rajoy.
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Sueño más de lo habitual. Realista. Pero me desvelo menos. Paso el día queriendo estar en dos sitios a la vez. Me pregunto si todo esto sirve para algo. Lo dicho, estoy raro. Como mi Santa. Se mueve lento y ríe con estruendo.
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Cuando entro al colegio me reactivo. Normal. Desde marzo no hemos parado. No hagan caso de los que hablan sin saber: hemos trabajado el doble. Y a ciegas. Ay. Que me pongo de mala leche. Qué ninguneo político.
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Ayer cerramos el curso. Símbolicamente, porque julio será largo. Preparamos todo con mucho cariño, con muchas cámaras. Fue emotivo, pero no me quité de encima una sensación agridulce. Algo que no me conectaba bien.
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Recibo mensajes cariñosos y se me pasa un poco todo.
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Somos privilegiados por con quién trabajamos.

Clavariessa

Tota la setmana es centrava en el dissabte i, en estiu, en el campament. Carreres amunt i a baix, les tendes, la pols roja, pelar creïlles, llinternes i cantimplores, balls, rises, te tocan letrinas, fírmame el cancionero. Quan eres xicotet penses que eres invencible, que sempre tot anirà bé, per això jugues sense preocupacions.
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Però, quan te vols donar compte, t’has fet major i descobreixes que, de vegades, tot no va perfectament bé.
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Repasse conversacions de whatsapp. De fa res, un parell de mesos. Quan ens felicitàvem i donàvem ànims.
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Tú sempre valenta.
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Fins a l’altra, clavariessa.

Haters

Todos necesitamos a alguien que nos mantenga los pies en el suelo. Hasta Brad Pitt. Un día, hablando por teléfono con sus abuelos, le contaron que habían visto su película. “¿Cuál de todas?”, les preguntó. “¿Betty, cómo se llama la película que no me gustó?”, escuchó al otro lado.
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Yo para eso tengo a mi Santa. El otro día, creyéndome ya un literato consolidado, le comentaba que mis últimas publicaciones estaban gustando bastante. “Nadie lee los textos, sólo miran las fotos”, me soltó. Mis amigos son mis haters, que decía aquel. Y ella que no. Que sólo es la crítica más exigente. Como la Pedroche con Dabid Muñoz.
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Que no me dijo también que últimamente uso demasiado nuestras intimidades. Ella, que durante el confinamiento me hizo salir en un videoclip y me metió de público virtual en un programa de televisión. La misma que me sugirió que contara cómo me partí la muñeca subido a un árbol vestido de troglodita.
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La vergüenza ajena vende. Ayer nos pasamos media tarde grabando TikToks a mis sobrinos. Yo creo que esta moda ya no me pilla. Lo de bailar es para otros. Prefiero juntar palabras. Mantengo hasta mi blog activo. Aunque nunca sepa exactamente por qué. Qué necesidad hay en ello.
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Por qué escribir. Santiago Lorenzo, cuando le preguntan, siempre hace suya la respuesta de una yonki en Callejeros cuando la reportera quiso saber por qué se pinchaba.
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“No sé, por hacer algo”.