El remedio

Veinte años teníamos. Regresábamos en un autobús de línea tras comprar una gaita en un Corte Inglés a las afueras de Santiago. En aquella época éramos muy propensos a la tontería. Días antes le dimos la mano al futuro Felipe VI. También nos escapamos para recorrer la mítica ruta de bares París-Dakar. Habíamos finalizado el Camino Portugués y nos sobraban fuerzas.

Ocurrió en una de las etapas intermedias. No recuerdo exactamente dónde. Igual fue Caldas, Redondela que Padrón. Junto al albergue discurría un río seco. Debían estar las chicas cerca porque salté tras un pato. Tras varios intentos y caídas no cacé nada. Miento. Sí pillé una urticaria enorme en las piernas. No conseguí impresionar a nadie.

Me rascaba derrotado mis rojeces cuando se me acercó un niño. Había contemplado mi torpe espectáculo. Al lado del mal siempre está el remedio, me dijo con su acento gallego.  No entendí a qué se refería. Bajó al riachuelo y arrancó unos hierbajos junto a unas ortigas. Me los froté. Noté alivio al instante. Me curó. Él se llevó el aplauso que yo no merecí.

Al lado del mal siempre está el remedio. Ojalá fuera tan fácil hallar la dichosa vacuna. Por ahora, el único remedio que tenemos somos nosotros mismos.

Y parece que no nos hemos dado cuenta.

Açò és Torrent

Mira, Pep, açò és Torrent. Ací vius. D’ací eres. Si has de tindre pàtria, si has de fer arrel, que siga al teu poble. Ara està un poc trist, amb la cara tapada, però no s’ho tingues en compte, tot passarà. També tu ara plores, menges molt, nosaltres dormim poc i també tot passarà. Tornarem a riure i plorar sense distàncies, els amics t’agafaran en braços i la ciutat recuperarà la seua vitalitat. Aleshores, comprovaràs que Torrent és obert, gran, festiu i, perquè no dir-ho, addictiu.

Torrent és obert. Tenen cabuda tots i totes. Des de sempre. Mira que el teu primer avantpassat Puig registrat és de 1611, però igual de torrentina es sentia ta iaia aldaiera. Com una més. Torrent què gran eres. Per això ha crescut tant. Som una Gran Ciutat i el centre de la Comunitat. Tens una Avinguda que ens vertebra. Un terme extens. Una muntanya per a refrescar-te. Horta i secà. Casc antic i zona nova. Ànima de poble i ciutat dormitori. Digues Torrent i Torrente i fes-los un poc la punyeta. Tenim de tot. Menys un Zara. Però això és bo o roïn?

Torrent és molt festiva. Maredeusinyó si ho és. Menys bous, ja deguem tindre de tot: Entrà de la Flor, Sant Blai, Sant Antoni, Carnestoltes, Falles, Setmana Santa, Corpus, Moros i Cristians… Ah! Recorda! Tu sempre dels dels Dolors i Comilitó. Això no és negociable. Per a dinar rossejat, per a berenar bollo redó. No t’avorriràs. Ho passaràs molt bé ací. Estem plens de tradicions. No podràs desenganxar-te del poble. No podràs faltar a res. Perquè si un dia ho fas, buit et sentiràs.

Benvingut, Pep. Açò és Torrent. Vages on vages, estigues on estigues, quan et pregunten, digues sempre d’on eres, d’on vens.

Perquè qui perd els orígens, perd la seua identitat.

NOTA: Artículo aparecido en el número 356 de La Opinión de Torrent.

Las libretas

Mi madre lo anotaba todo. Lo que hizo, lo que hacía y lo por hacer. Era notario de sí mismo. Usaba cualquier libreta, un bloc, le daba igual. Cuando enfermó, nos sentamos, cogimos una nueva y anotamos medicamentos, dietas y citas. Vi que tenía otra idéntica, gemela. Empezaba el confinamiento. Me la dio.

Dejé de usar apps de recordatorios. Me convertí en su imitador. Anotaba a mano, día a día, lo que me correspondía en la reconstrucción de un curso roto y la creación del siguiente. Al final usé dos libretas. La mía y la suya.

Mañana se abren las primeras puertas de los colegios. Serán sitios seguros. Se ha trabajado duro para ello. Muchos meses. En todos los centros. Y los niños volverán a darnos una lección. Otra cosa es cómo lleguen del exterior.

Por favor, cuidémosnos unos a otros.

Que no me quedan más libretas.

El verano que no pareció verano

El verano que no pareció verano fue extraño. Se suspendió todo pero todos salían. Nosotros nos dedicábamos a esperar. Y a pasear. La gente miraba tu barriga por la playa. Visitamos centros comerciales. Recorrimos la Avenida en agosto. Íbamos y veníamos. Y todos los mosquitos siempre me picaban a mí.
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El verano que no pareció verano vaig menjar botifarres. Fue rápido. Con poca luz. Como los buenos mamíferos. Lloramos en el paritorio. Pasé frío en la habitación. Te robé un arrullo para taparme. Esa noche empezó mi afonía. Las enfermeras siempre entraban en el peor momento. A mí nadie me preguntó qué quería de cenar. Conduje muy lento con el alta. Pusimos buena música para volver.
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El verano que no pareció verano nos confinamos por precaución. Tres horas de sueño era abundancia. Aprendimos a no tener miedo por las noches. A descifrar sonidos. Cantábamos buenos días sol. Veíamos películas a mediodía. Te paseábamos a ratos cortos. Cuando llorabas las señoras nos miraban. Nunca sabíamos en qué día estábamos. Poco nos importaba.
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El verano fue esto.
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Yo tenía ganas que llegara septiembre.

Lo que te mereces

En Lost, la primera serie que nos enganchamos juntos, Desmond debía pulsar un botón cada 108 minutos. Sin descanso. Algo así vivimos ahora con las tomas del Principito. Con esa alarma latente unas veces exacta, otras inexacta. Yo, que llego tarde a estas cosas, me dejo llevar sin resistencia. Vivo en un mundo de horarios sin horas.
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Lo que que aún nos mantiene cuerdos es la música. Sigue sonando en la White House. Hay un estribillo que canta “deberíamos decir más veces te deseo lo que te mereces”. Mi Santa y yo dudamos si habla en positivo o negativo. De conciertos, nada. Con las entradas devueltas nos hemos comprado un robot de cocina. Signo de los tiempos.
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Estos primeros días, entre tanto mensaje, se ha colado algún bienintencionado “con lo que habéis pasado, os lo merecéis”. Perdonadme que no esté de acuerdo. Que me dé rabia. No me compensa estos meses lo ganado por lo perdido. No funciono así. No es una balanza. Yo lo quería todo. A todos aquí.
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Pero aquí hemos venido hoy a daros las gracias por vuestras felicitaciones.
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Es de bien nacido ser agradecido.