Disimulando

Soy horrible haciendo pronósticos y planes. Decidí hace tiempo no hacer muchos. Mirar hacia atrás me sale un poco mejor, pero no tiene mérito. Tampoco me gustan las despedidas. Ni las bienvenidas. Nunca me gustó Nochevieja.

Así que he entrado en 2017 disimulando. Como quien no pasa de año.

A mi, con que vosotros continuéis estando ahí, me sobra.

Cirugía estética y mental

Da vértigo. Y un poco de vergüenza. Bueno, bastante más de vergüenza. Han pasado más de doce años desde que abrí esta oficina. Qué creído era. Qué inocente, qué ignorante, qué pretencioso. Quién sabe, igual de aquí doce años mire 2016 y vuelva a pensar lo mismo de mi mismo. De ese yo del pasado. Lo confieso, muy de vez en cuando, releo alguno de mis artículos antiguos y me quedo abochornado. Suenan cursis, edulcorados. Y sin estilo. Menuda imagen daba de mi mismo. O doy. Porque igual todo sigue igual.

La cuestión es que he cambiado un poco el diseño de todo esto.

Que no digan que no nos ponemos al día.

Bon Nadal

Sí, sí, Bon Nadal. Amb totes les lletres. Els desitge un Bon Nadal a tots. No bones festes, BON NADAL, en majúscules. El meu company de columnes d’ací a l’esquerra (que no a l’esquerra ideològica), Miquel Àngel Gascón, fa uns dies feia esta mateixa reflexió a les xarxes socials després de comprovar com un any més, el consistori de la València cap on tant mirem, per allò de n’ofendre a ningú, al seu cartell anunciador ha titulat “Bones Festes” sense cap referència al fet central de les celebracions. Al Nadal.

Perquè sí, la societat és laica, tots han de tindre cabuda en ella, les tradicions religioses s’estandarditzen i cadascú viu la seua fe (o aquell quiénes somos, a dónde vamos y de dónde venimos) com millor sap i pot. Clar que sí. Però, al final, per ser políticament correctes, caiguem en l’absurd. L’absurd d’ometre què es celebra en estes festes. De fer un cartell amb un gest buit.

Crec que ningú s’ha d’escandalitzar si dic en veu alta que es celebra el naixement de Jesucrist. No passa res, home. I ningú s’ha d’ofendre. Ja hi haurà temps per a celebrar altres manifestacions religioses o altres festivitats. I qui no crega en estes, fenomenal, disfruta d’un parell de dies de festa. Si hi ha dies per a tots. Miren, si no, la balconada del nostre ajuntament, d’un temps a esta part, ha mostrat banderes i cartells per a tots els gustos. Que ací cabem tots!

El perill de ser massa políticament correctes és que, al final, no es reflecteix la realitat i, per tant, es desconnecta d’ella. Agrade o no a un sector de la població, amb consumisme o sense ell, amb hipocresia o sense ella: el 25, Nadal; l’1, Any Nou; i, el 6, Reis.

Bon Nadal a tots. I a totes.

NOTA: Artículo aparecido en el número 312 de La Opinión de Torrent

Tengo las gafas sucias

A fuerza de percibir borrones y diminutas manchas, uno se acostumbra a ellas. Ya no distingo si tengo las gafas un poco sucias, si es la miopía o si la vida es así. Pero todo no es claro e impoluto. No somos ni buenos ni malos. No hay verdades absolutas. La imperfección existe. Lo diferente. Y es bello también. Porque hay más de un acento en nuestra manera de hablar, diferentes razas y colores, punk-rock y clásica, sandwiches de Nocilla con zumo de Naranja, ataques de ira seguidos de momentos de ternura, celebramos no ser el mejor equipo del mundo, hacemos chistes en los funerales, miramos por la mirilla, nos hurgamos la nariz, cogemos cosas por ser gratis, pedimos una cucharada más, vemos series cursis, nos atraen algunas feas, nos orgullecemos de habernos cargado con algún kilo de más este verano, nos planteamos abandonar Facebook para acabar publicando una nueva foto, tropezamos con la misma piedra, soñamos imposibles, actuamos impulsivamente, nos equivocamos.

Sé que debería limpiarme las gafas. Pero no me apetece.

Diario de una casualidad

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Me gustan las casualidades, aunque no las llame así. Están ahí, rodeándote, jugando contigo, dándote pistas, emitiendo señales. Hasta que se dignan a aparecer. Y lo unen todo. Y dejas de creer en ellas. Porque todo parece cualquier cosa menos casualidad.

 

20/10/16

Existe una programación preparada para las tutorías. Es muy buena, pero, normalmente, toco una interpretación libre. Aprovechando que hemos de hablar sobre la imagen personal, he proyectado una pequeña trilogía espaciada en el tiempo: cómo me veo a mi mismo, cómo me muestro ante los demás y cómo me importa lo que piensen los demás de mi.

Sólo tengo clara la primera sesión. A partir de ahí, espero que mi instinto no me falle. Una me debe dar paso a la siguiente.

03/11/16

Igual que la primera, la segunda ha salido moderadamente bien (concluyendo con este cortometraje). Pero no estoy del todo contento. Algo falla en las conexiones. Y quiero cuadrar bien el círculo.

23/11/16

Quedan doce horas y sigo dándole vueltas a la tercera sesión. Pero no acabo de encontrar el macguffin. Un artículo sobre las sobreactuaciones ante la repentina muerte de Rita Barberá me ha mandado una señal. No sé por qué, pero he recordado haber leído en alguna parte que uno de los nuevos capítulos de Black Mirror se centra en una sociedad donde la base es una red social con la que los seres humanos se puntuan entre ellos. Lo acabo de ver y me gusta, cuadra, pero necesita de un golpe de efecto antes. No sé aun cual.

24/11/16

Qué musas, ya me han visitado las casualidades. Me he levantado con una conversación en Twitter entre un amigo y Eugeni Alemany sobre ese mismo capítulo. Les he hecho mi aportación y me han descubierto que existe la ficticia aplicación como parte de la promoción. Me han sugerido usarla para iniciar la última sesión. He hecho a mis alumnos puntuarse entre ellos y, luego, hemos visto el capítulo. Lo he aderezado con un poco de mi show del profesor y todo ha funcionado como un reloj. Se han quedado impactados. Con muy mal rollo y mucha reflexión: Jo no vuic ser com ells, menuda merda de societat, què mal em cauen tots, per a què val que et puntuen si no eres feliç…

Hoy yo sí soy feliz.

Espero que me pongáis muchos likes.