El anillo

No creemos en los malos presagios. Pero estuvimos a punto. A meses de casarnos el salón entró en concurso de acreedores, los sacerdotes cambiaron de destino y el piso no llegaba a tiempo. Por eso no nos sorprendió que a media hora de la boda empezara a diluviar. Tampoco que la primera noche en NYC sonara la alarma de incendios. Cuando mi Santa perdió el anillo ya nos entró hasta la risa.
.
En una esquina de la plaza de San Pedro hay una pequeña puerta. Pasa casi desapercibida entre tanta magnitud. Es la casa del Dono di Maria. La fundó la Madre Teresa a petición de Juan Pablo II. Cada día cientos de pobres, sin techo y desamparados acuden allí. Los hombres para acceder a su comedor social. Las mujeres a una pequeña casa de acogida. Todos en busca de ayuda y consuelo.
.
Visitábamos Roma junto unos amigos para ver a aquel sacerdote cambiado de destino. Los domingos celebraba con las mujeres del Dono di Maria. Nos invitó a participar. A las guitarras les faltaban cuerdas. Poco importó. Hubo lágrimas. Suyas y nuestras. Mucha emoción. Mi Santa llevaba un nuevo anillo, sin bendecir. Renovamos nuestros votos rodeados de aquellas mujeres excluidas. Sonrieron. Aplaudieron. Gritaron “Bacio, bacio”. Que se besen.
Me gusta pensar que ellas también nos bendijeron.
.
Hoy cumplimos diez años de casados.
Miro su mano y aún lleva el anillo.
.
Debe ser buen presagio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s