Un día vi una vaca vestida de uniforme

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Con esta frase tan absurda nos enseñaba a memorizar nosequé fórmula matemática el cabronazo de Juan Rosique en Monte-Sión. Y caló, vaya si caló, en mi subconsciente. Aun hoy la recuerdo. Bueno, más bien a medias, porque la regla mnemotécnica esta de la vaca que se pasea por el mundo funcionó en su momento para superar los exámenes, pero hoy no recuerdo a qué fórmula se refería la frase. Mira que lo intento, pero no consigo recordarme. Deberán enseñarme una nueva regla para recordar la regla de la regla, qué jaleo.

Y es que despistado suelo ser un rato. Mi madre dice que para lo que quiero. Pero no sé. Soy de esos que pese a tener un sencilla palm, la mano llena de garabatos y mi mesa del despacho llena de pos-it’s siempre algo se me olvida. Anda!!! Los donuts!!! como diria aquel. Mi Santa se parte de risa cuando me ve mirar debajo de la cama cuando salgo fuera o estoy en Cullera. Pero no es la primera vez que me dejo algo por los mundos de Dios. Así que hay que intentar minimizar riesgos. Aunque ella no es la que menos tiene que hablar.

Vayámonos al sábado por la noche y a la clave (e intención) del post de hoy. Tras el video del Ajuntament, repartir las camisetas y cerrar asuntos varios de la Trobada mi Santa y yo iniciamos un periplo de despistes que acabaría con una impresionante discusión en las puertas de Mestalla. Primero, a comprar los bocatas al bar de la Divi. Charramos con Rafa, Luis y Carlos, y cuando salimos por la puerta mi Santa cae en la cuenta que se ha dejado la pañoleta encima de la mesa. “Y el móvil!!!” nos avisa Rafa. Vamos a su casa, a la mía, nos vamos al metro y, ante mi hambre incipiente, le pido que me abra de nuevo su morada para dejarme picar algo. Abrimos la puerta y, mosquis, el pase del Valencia. Se lo había dejado. Despiste number two. Una vez en Mestalla. Un beso y cada mochuelo a su sector. Conforme paso por el torno. Coño, los bocatas. Tengo los míos, los suyos y los del tete Santiago. Juder, juder, juder.

Intento convencer a los voluntarios que me dejen salir a darle los bocatas (ella ya se ha dado cuenta de nuestro hambriento despiste), pero nones, que no se puede. “Si sale no vuelve a entrar”. Pasan 5 minutos del inicio del partido y no hay ni Dios en la puerta. Que más os da, te dejo el DNI, el pase, los calzoncillos, lo que sea, pero déjame ir a la puerta de al lado y pasarle los bocatas. Nones, nones y nones. Tu puta madre. Viente años pagando, una mierda de temporada y así me lo pagáis. Llega el de seguridad. Que no, chico. Que hay cámaras y nos echan a todos. Me mosqueo en sobremanera. Echarlos a ellos. No sé de qué. De ver el futbol por la patilla. Serán desgraciaos. Les digo que, al menos, me hagan el favor de ser uno de ellos el que cruce una simple puerta y les dé el bocata. Que no, que no y que no. No pueden abandonar su puesto. Juer, ni que estuviera el Papa en Mestalla. En estas llega mi padre mosqueado por mi ausencia y mete gol el Valencia. Suben los grados en la temperatura de nuestro ánimo y empezamos a discutir con el de seguridad sobre el sentido filosófico de las normas establecidas contra el sentido común en las personas. El de la seguridad nos acusa de poner las cosas difíciles por un simple bocadilla. “Eres tú el que lo pone difícil”, contraatacamos. Casi al instante, mi Santa, esperando los bocatas con las manos entre la verja asiste flipando a otra escena similar al contemplar como un chaval quiere salir corriendo porque se ha dejado las llaves puestas en la moto (este despistao es de los míos) y no le dejan. Se ve que la tontuna es general, pues le dicen que si sale no entra. 10 minutos más tarde mi padre y yo seguimos peleados con el mundo y la colla de melones que parecen ser ciertos voluntarios en Mestalla. Hasta que, por fin, se hace la luz y una de ellos, que asistía flipada a la discusión desde un lado, se mete por medio y nos dice: “Dadme los bocatas, que yo se lo llevo, que menuda chorrada os están metiendo éstos, con lo poco que les cuesta”. Sale y en menos de 1 minuto ya se ha acabado la pamplina.

Han pasado 20 minutos desde el inicio del partido y tengo ganas de todo, menos de fumbol. Yo seré despistao, pero se ve que la falta de sentido común cada vez impera más por el mundo. Y especialmente en Mestalla.

Lo dicho. Un día vi un burro vestido de voluntario.

CANCIÓN PARA ESCUCHAR: Bordadita (Amaro Ferreiro – La ciudad de las agujas)

4 thoughts on “Un día vi una vaca vestida de uniforme

  1. Rafa dice:

    si no recuerdo mal esa frase que tu dices es la integral por partes, que a mi tambien me la hicieron aprender asi mas facil.. jaja

  2. Arturo dice:

    si serán burros los stewards de mestalla que aún nadie sabe para qué sirven si el 95 % del aforo es abonado.
    Además si han contratado a copamérica …

  3. ROBERTO SAINZ AJA SAINZ MAZA dice:

    si yo tambien recuerdo a esa vaca que nos ayudaba a integrar por partes

  4. Carlos dice:

    Curiosamente esa frase me ha hecho llegar aquí, porque hoy la he dado en matemáticas ;)

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